Mejor tarde que nunca

Tras el atentado terrorista en la ciudad pakistaní de Lahore, en el que murieron 69 personas el pasado 27 de marzo, y que tuvo una repercusión mediática considerablemente menor que los atentados de Bruselas acontecidos 5 días antes en el que murieron 31 personas; diversos medios de gran difusión nacional e internacional comenzaron a cuestionarse, en el caso del New York Times con un vídeo, cómo los medios dan mayor o menor importancia a estas catástrofes en función de dónde ocurren.

Tarde para cuestionarse por qué una tragedia como un atentado terrorista cuenta con más o menos repercusión mediática en función de este criterio.

El problema no es solo que cuente con más repercusión mediática, sino que, en función del país, recibe mayor o menor atención internacional. Gran parte de los medios de comunicación, siguiendo los criterios de noticiabilidad actuales que nos enseñan en las facultades de comunicación, están produciendo la imagen de que una tragedia pesa más que otra en función del lugar donde ocurren.

En televisión, uno de los medios más consumidos por la población junto a Internet, con un 88’3% de penetración el primero y un 66’7% el segundo según el último Estudio General de Medios, la selección de contenido depende, en gran medida, del tiempo y material del que se dispone unido al seguimiento de los criterios noticiables de los principales medios, donde la proximidad es uno de los protagonistas, al igual que la negatividad. Con esta fórmula obtenemos como resultado unos informativos donde la importancia de un suceso varía en función de la proximidad de relación, no solo geográfica, que tenga con nuestro país (véase el caso de Estados Unidos).

En Internet, el público tiene un poder de selección de contenidos mucho mayor a la hora de consumir información. Vamos pasando de un enlace a otro, seleccionándolos en función de las sugerencias, o en menor medida, buscándolos específicamente nosotros mismos. Los medios son los que generan estos enlaces, por lo que son los que nos exponen a un bombardeo masivo de información sobre determinado tema en un período de tiempo concreto y a una escasez informativa notable sobre otros temas. Aunque nosotros realizamos la selección de la información que queremos consumir, son los medios los que condicionan la cantidad de oferta informativa que el público encontrará en la red sobre determinados temas.

Por lo tanto, son los medios de comunicación unos de los grandes responsables de la producción actual de la imagen de un panorama internacional en el que pesan más unas muertes u otras en función de la nacionalidad, en el que adquieren un tono de mayor gravedad y solemnidad unas catástrofes u otras en función de dónde tengan lugar.

Yakarta, Estambul, Grand Bassau, Mogadiscio, Maiduguri, Uagadugú, Baidoa, Ankara, Lahore, Bruselas.

Estos son todos los lugares donde se han producido ataques terroristas en lo que llevamos de 2016. Todos estos atentados se han llevado en total 284 vidas. Pero en esta lista habrá muchos nombres que a la gran mayoría de la población no le suenen, es lógico, no ha existido una repercusión mediática comparable con los atentados que han afectado a Occidente, aun siendo exactamente lo mismo, pero en otro lugar.

Preguntarse por qué ocurre esto es un paso, pero un paso insuficiente

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