Un vestido technicolor

“Tan liviano, su vestido me encendió… hasta quisiera usarlo yo”

Gustavo Cerati. Numeral.

Lo del vestido es inocencia, curiosidad minimalista, estupidez colectiva. Un himno a la percepción social y al niño asombrado que llevamos adentro, expresado en lo ludico de pedir opiniones ajenas para compartir un momento de bocas abiertas inhalando altas dosis de lisergía: opio de pueblos y sincera bufonada socarrona que sirve para revelarse un poco frente a una realidad que suele percibirse como inobjetable, dura, inexpugnable.

Banco a muerte la viralización de ese absurdo, de ese vestido technicolor.

¿O piensan que ese tiempo sino se hubiera difundido el chistecito, se hubiera invertido en analizar literatura clásica, macroeconomía mundial y física astronómica?

Mejor descansar en esto y olvidarse por un segundo del arma de Nisman, las roscas políticas del año electoral, los posibles participantes del bailando por un sueño, nuestras miserias cotidianas expresadas en platos de comida y nuestro incipiente y siempre presente malestar por la cultura, hartazgo por vivir en sociedad.

Aguante compartir, por mas tonto que parezca.

Aguante la estupidez colectiva.

Welcome to the internet