Una noche como cualquiera saliste a divertirte y conociste a un muchacho bastante gracioso que insistía en hablarte porque decía que eras muy linda. Accedes. El, 24, trabajaba con su familia y era periodista. Vos 17, vivías con tu papá y hermanos, tratabas de meter 3/5 materias para llegar a sexto año. Risa va, risa viene, llega el beso, el intercambio de números y el adiós. Crees que no lo vas a volver a ver, porque es una noche como cualquiera. Te equivocaste. Lo volves a cruzar, frecuentan los encuentros hasta que te pide que sean novios y aceptas, porque pese a que no era tu tipo, te parece encantador.
Una noche como cualquiera “tu novio” te llama y te invita a su casa para comer algo y salir. Aceptas. Una noche como cualquiera descubris que no era tan encantador al ver que se droga fuertemente frente a vos, te agarra de los hombros como un bestia y te pide sexo. No accedes y lloras, crees en su reacción ante tu terror.
“Perdón, mi amor, me cuesta controlarlo, es muy fuerte para mi, creeme que no va a volver a pasar.”
Una noche como cualquiera te rendís y le crees hasta que la escena se repite, pero esta vez su reacción no es la misma. Lloras y querés huir, pero el decide que la vas a pasar mejor tirada en el piso, con la boca tapada por sus manos y sintiendo su boca arrastrandose por tu cara. Porque sus 1.97 mts son más que tu 1.67 mts, porque “sos una puta de mierda”, porque “¿Quien le va a creer a una pibita que le miente a sus amigas diciendole que come y es mentira?”, porque si hablas su familia tiene poder y si hablas tu familia la va a pasar muy mal. El muchacho encantador te confesa que abusó de varias chicas drogandolas y que con vos tenía esos planes. Dicho y hecho: lo hizo, te arruinó la vida. Tuvo piedad en dejarte ir en medio de la noche, corres sin rumbo y lloras. Decidis que no lo vas a ver nunca más pero el se encarga de acosarte y amenazarte por teléfono y en persona durante años.
En ese tiempo reprimiste tus sentimientos, te metes en la cabeza la idea de que sos como una muñeca inflable, que sos un rato de sexo y ya, que los tipos en la calle tienen razón en decirte “puta”, sufris en silencio y crees que el amor es un invento para la gilada. Pero un día cualquiera conoces a alguien que te hace feliz en serio y te das cuenta que no todo es una mierda, que el amor existe y que te mereces ser feliz de verdad.
Al pasar el tiempo, te enteras que el tipo que te rompió la vida tuvo un hijo, que a la mamá del nene la golpeó y por suerte ella huyó muy lejos denuncias mediante. Te hizo creer que había muerto y no era cierto. En un momento el terror había vuelto a rondarte hasta que lo pensaste bien y decidiste ganarle para siempre. Hoy día sabes que no puede joder más a nadie. Hoy sabes que el miedo no existe porque estas rodeada de gente que te ama de verdad, que tenes el alma y la vida tranquila. Ya no te sentis un juguete, te sentís mujer. Ya no estas sola.
Una noche como cualquiera te dispones a escribir esto. Es otra noche sin pesadillas.