Gracias por todo, Michi

Andrés
Andrés
Sep 4, 2018 · 4 min read

Ayer nos despedimos de la Michi, gata hermosa y compañera por casi 11 años, dejando un vacío gigantesco en mi casa y mi corazón. Me acompañó de Maracaibo a Mérida, nunca dejando de ser tan particularmente ella. Estás son solo algunas de las cosas de ese hermoso ser que llevaré conmigo hasta el día de mi muerte:

- Su hermosa cara chata.

- Su eterna amargura.

- Los hoyuelos que dejó en el 90% de mis franelas cuando se echaba encima de mí a masajearme.

- Su adorable maullido ronco y seco.

- Como era una guerrera. Sobreviviendo enfermedades, situaciones de riesgo, y malos ratos. Incluso la que sería su última enfermedad la afrontó con actitud envidiable.

- Como cuando los demás gatos de la casa se ponían intensos, se acercaba a ellos y les daba una cachetada para que se callaran.

-Cuando vivíamos en Maracaibo y a medianoche me pedía que le abriera la ventana para salir a explorar, y a las 6 de la mañana, sin falta, escuchaba su toque para que la dejará entrar nuevamente.

- Cuando ya era muy viejita para dar grandes saltos y me pedía que la subiera a la ventana para tomar sol. Luego me llamaba para que la bajara otra vez.

- Como me ponía la patita en la cara cuando intentaba darle un beso. Si lograba evadirla, echaba su cara hacia atrás en un intento fútil de evadirlos.

- Como se le abrían los ojos y se volvía loca cada vez que me veía comiendo pan. Le encantaba el pan.

- Como era la más paciente a la hora de comer y no le importaba ser la última a la que le sirviera. Corría desde la cocina al cuarto donde comía dando saltitos y moviendo su culito de la forma más adorable.

- Esa vez que se perdió por un mes y una noche simplemente apareció en casa como si nada.

- La vez que se quedó atascada en lo más alto de un árbol y nos hizo pasar toda una tarde luchando para lograr bajarla.

Su tranquilidad al momento de salir de casa, incluso el viaje de Maracaibo a Mérida lo hizo con una tremenda calma.

- Cuando me despertaba con mordidas a los pies porque me atrevía a pasarlos muy cerca de ella mientras dormía.

- Como tocaba mi puerta hasta que le abriera si la dejaba afuera en la noche para dormir.

- Cuando perseguía al gordo para darle cachetadas simplemente porque sí. Hasta el sol de hoy, ha sido la única gata que ha logrado intimidarlo.

- Su particular relación con mi mamá. Nunca le ponía la cara de amargura que le ponía al resto de nosotros, míseros mortales.

- Todos los rasguños y mordidas que dejó en mis manos y brazos cuando intenté darle sus medicamentos. O cuando intentaba acariciarla y simplemente no estaba de humor.

- Sus intentos desesperados de escapar de los abrazos.

- Su posición de acostarse, que no cambió ni una sola vez por once años.

- La particular vibra que le daba al hogar, que empezó a faltar cuando se enfermó.

- Como era, simplemente, ella.

La Michi probablemente no supiera — ni le importara- lo mucho que la amaba y lo feliz que me hacía, pero por todo lo que me dejó le estaré eternamente agradecido. La llevo conmigo siempre.

Gracias por todo, Michi.

Andrés

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Andrés

Intento de escritor y cineasta.

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