El Milagro de la Música

La Música es amor y odio, claridad y caos, anhelo y desesperanza; la luz plena y el oscuro abismo. La música no se debe entender, se debe vivir, sin reservas, con coraje… con pasión.

En dónde estabas cuando escuchaste por primera vez a The Beatles, The Rolling Stones o The Doors? Recuerdas el vacío en el estómago cuando tus oídos conocieron Imagine, November Rain, Woman, Nothing Else Matters, Stairway to Heaven o Inspiración? Cuál es la canción que te recuerda a tu primer amor? O la favorita de tus padres? Puedes recordar cómo se aceleró tu corazón cuando descubriste a Perker, Yes, Rush, Santana o B.B. King? Y a dónde viajas con Chopin, Vivaldi, Bach, Mozart, Brahms o Beethoven?

Cuándo cometimos el error de pensar que la música es competencia? En qué momento el arte de la música se convirtió en acompañamiento limitado y sumiso? Cómo fue que el milagro de la música se convirtió en música funcional, utilitaria? Por qué dejamos de hablar de arte para hablar de oficio?

Dónde estan nuestros genios contemporáneos? A veces pareciera verdad aquello de que los verdaderos creadores son sólo reconocidos por la posteridad, o en el mejor de los casos, por esa posteridad contemporánea que es el extranjero, es decir, la gente que esta lejos, la que no ve cómo te vistes, la que no ve cuál es la marca de tu instrumento, la que no juzga todos tus errores humanos para opacar tu genio artístico.

Recordemos que de Brahms se burlaron sus contemporáneos, quién puede pagarle el dolor que sintió aquella noche cuando tocaba su primer concierto para piano y orquesta, y le silbaron y le arrojaron basura? Sin embargo, Schumann (nadamenos que el propio Schumann!!!) afirmo cuando conocio a Brahms que había surgido el músico del siglo.

Y es que para admirar se necesita grandeza, aunque parezca paradójico.

A pesar de todo, mientras siga existiendo uno que otro loco que graba de manera independiente sus discos y se compromete a vivir tocando la música que ama –Armando, amigo-, siempre que existan locos que puedan transitar por los peligros de la fama manteniendo intacta su humildad y anteponiendo la honestidad al virtuosismo en el escenario –Cuevo, querido amigo-, siempre que existan locos generosos que le dan soporte con su corazón y su conocimiento a las nuevas generaciones y que cada que se suben al escenario dan la mejor actuación de su vida –Leopi, amigo y maestro-, siempre que haya algunos locos que son grandes músicos, grandes maestros y mejores seres humanos que llevan tatuada en el alma la vocación por la enseñanza –Marco, invaluable y necesario-; si puedo seguir encontrando la esencia de la música en el brillo de unos ojos, el alma de un ser humano en una improvisación y el milagro de la vida y de la muerte en la música que crean un grupo de locos, entonces seguiré creyendo en la música, porque seres como aquellos y sucesos como estos, en un momento, en un segundo, abrazan la existencia del hombre y es entonces cuando recuperamos la esencia de esta locura, de esta pasión que es la música.

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