Café Tacvba y el RE en Bogotá

Trato de recordar cómo obtuve mi primera entrada para ver en vivo a Café Tacvba.

Alguien del colegio me aseguró que en la 99.1 estaban regalando boletas, y de manera muy ingenua fui a sus instalaciones a reclamar la mía. Al llegar, encontré a un personaje en un pasillo quien me dijo muy amable que no era cierto el rumor, pero sacó de su bolsillo una entrada de localidad general para que no perdiera el viaje. Creo al día de hoy que se trataba de Héctor Mora. Se me escapan muchos detalles de ese día en que tocaron con Aterciopelados en el Simón Bolívar, salvo que fui con mi mejor amiga y su hermano mayor (y mi primer novio), a quien siempre enviaban a acompañarnos a esta clase de planes.

Han pasado 16 años de ese concierto que haciendo cuentas tuvo que ser del tour Avalancha de Éxitos. He visto cuatro más de ellos, de al menos una docena de presentaciones que han hecho en Bogotá durante su carrera. Es una ciudad que visitan con frecuencia, y sin embargo, todavía no se han ganado esa odiosa frase de ‘compraron apartamento en Chapinero’. 
 
La semana pasada ofrecieron tres fechas en el teatro Julio Mario Santo Domingo con las cuales celebraron 20 años de la publicación de RE, el que por unanimidad los expertos han llamado el álbum más importante de rock en Latinoamérica. Por el extenso record de visitas que ostentan, resaltar que agotaron todas las funciones no es decir cualquier cosa. Sobre todo en un mercado en el que un artista al que ya se ha visto muchas veces, y varias de esas gratis, es más que suficiente para que se cotice a la baja.

Decidí ir a uno de esos conciertos en que tocarían su obra cumbre.

El espectáculo de RE inició con una canción de Agustín Lara como preámbulo, mientras esperábamos la aparición del grupo sobre un escenario, con unas luces que formaban la figura del caracol de la portada, y así abrieron con ‘El Aparato’ e ‘Ingrata’ los dos primeros cortes del álbum. En el saludo al público el gran Rubén Albarrán nos dijo de manera muy graciosa que la banda estaba celebrando los 20 años de RE y 25 de la banda, y que si conocíamos el disco sabíamos que no debíamos pedir ‘Chilanga Banda’ o ‘Eres’, y que no estuviéramos todo el show con el Paparapapaeueu (‘El baile y el salón’) porque lo iban a interpretar respetando el orden original de los tracks. Hecha la aclaración continuaron con ‘El ciclón’, ‘El borrego’, ‘Esa noche’, y así sucesivamente.

Las intervenciones del líder de Café Tacvba fueron muy divertidas. Rubén tiene su lado antisistema y nos incitó a olvidar los relojes acusándonos de levantarnos temprano a trabajar para entregarle la vida a una corporación para la que no valemos nada, o que igual, si se trataba de madrugar a estudiar, era para aprender un conocimiento que vale madre. Que deberíamos tener una banda de rock. También nos hizo una indirecta para dejar de ver el concierto a través de las pantallas del celular.

Algunas cosas que no se olvidarán de este concierto: el majestuoso traje norteño con que interpretaron ‘El fin de la infancia’; escuchar ‘La pinta’, ‘Madrugal’, ‘El balcón’, ‘Ixtepec’, ‘La negrita’, ‘El tlatoni del barrio’, entre otras canciones, que posiblemente no escucharemos en alguna otra gira. El momento en que todos los asistentes en el teatro contamos en voz alta hasta 43 por los desaparecidos de Ayotzinapa (alusión que también hizo Saúl Hernández días antes en Bogotá).

Después de terminar el RE tocaron peticiones del público de otros trabajos, algo que hizo la diferencia del set list de otras ciudades. Mi favorita entre estas fue ‘Las batallas’. Agradezco al que estaba en primera fila y llevó el cartel con el título escrito. 
 
Al verlos me preguntaba qué es lo que hace que no nos cansemos de Café Tacvba. Sin tener una respuesta absoluta, creo que además de lo esencial, que no escatiman en luces y vestuario, que siempre tienen la energía al máximo y que nunca ofrecen una versión rebajada de sus grabaciones de estudio, influye que es notorio que disfrutan lo que hacen en el escenario, y eso es muy poderoso. No debe ser gratuito que en 25 años de carrera mantengan la formación original y no se hayan separado la primera vez.

También tiene mucho que ver su evolución. Que a pesar de lo que significó RE para los que crecimos en los noventa, no se quedaron ahí y nos mostraron otras facetas al pasar de los años. Una de las cosas que hace grande este álbum es que es atemporal y que se deja redescubrir. Es por esto que escuchar a Café Tacvba tocando las veinte canciones de este disco puede ser un ejercicio de nostalgia, pero de ninguna manera es un asunto generacional. Esa noche el público se componía por gente de diferentes edades, entre mayores de 40 y menores de 20.

En mi caso personal me siento privilegiada de haber vivido a plenitud la época en que este álbum fue publicado, y más todavía, al saber que no tenía en esos días ni la edad ni la conciencia suficiente para entablar discusiones de lo que debía ser el rock en esta región. Es un disco con buenas canciones y eso me permitió establecer un vínculo auténtico. Pero RE nos pertenece a todos, y trasciende su época. Eso lo constaté la semana pasada.

* A la salida del teatro unos seguidores mexicanos de la banda vendían las ‘playeras oficiales’ del tour. Con ese dinero viajarían a Machu Picchu a pasar el 31. Ojalá que las hayan vendido todas.

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