La clave. Dibujo de Nama cega

Para mí es un juego

Para mí es un juego y, por ello, puedo jugar a que sé alemán, portugués, francés, italiano. Y quizás termino aprendiéndolos y sino, por lo menos sí, aprehendiéndolos. Así también fue como, un día cualquiera, como si me fuera usual, decidí pasear por los linderos entre la filosofía y la literatura. Al punto de sentarme cómodamente y quedarme allí y, como fuera posible decir algo, empecé a decir algo. A leer y a decir. A conversar, no como si alguien estuviese escuchando sino como si todos estuviésemos escuchando. No pedí permiso ni esperé la invitación que, de antemano, sabía que no llegaría. Una vez allí, no había quién dijera algo. Paraje abierto cuya única restricción es el ánimo en el entrar. La capacidad, a fin a todos, de experimentar y comprender. La firme creencia en la emancipación intelectual y en las relaciones no jerárquicas sino de igualdad y fraternidad.