Autopistas de la información

A principios de los años noventa yo era un joven idealista rodeado de ordenadores. Había descubierto Internet gracias a un acceso que me permitía un amigo estudiante en la facultad de Medicina. Cuando me conectaba desde allí sentía tener todo el conocimiento en las yemas de mis dedos. La cantidad de información que había en aquel entonces era ridícula en comparación sólo con lo existente a día de hoy tan siquiera en Wikipedia, pero aún así, aquella nueva biblioteca de Alejandría me resultaba fascinante.

Pensábamos en aquel entonces que las autopistas de la información (que era el nombre molón con que llamábamos a Internet) iban a propagar el conocimiento más rápido y mejor que nunca en la historia de la Humanidad. Dentro de muy pocos años, la sociedad estaría mejor informada y tendría acceso a información veraz. Sería más culta y educada. Eso permitiría tomar mejores decisiones como sociedad, y redundaría en un beneficio a nivel global, planetario, de toda la civilización. Estábamos a un paso de cambiar de paradigma. A un paso de una revolución en el acceso a la información y…

¡Qué ingenuos fuimos! Lo que aquel joven yo no podía imaginar era que por aquellas mismas autopistas de la información no sólo circularían los generadores de información y conocimiento, sino también los generadores de desinformación, de infoxicación, los que harían negocio con el engaño y aquellos a los que su propio delirio les llevaría a publicar sus memeces. Y lo que no imaginábamos era que éstos serían más que aquellos. Hoy el panorama es desolador. Tenemos alrededor del globo miles de personas gente pidiendo prohibir WiFi en colegios y derribar antenas de telefonía. Creyendo que la tierra es plana. Convencidos de curarse con pastillas de azúcar. Atemorizados por las estelas de agua que dejan los aviones tras de sí. Acusando a las vacunas de producir autismo. “Probando” con argumentos infantiles que el hombre no llegó a la luna, y que descubrió en la luna bases extraterrestres que se volaron con explosivos. Midiendo el pH de sus alimentos para no acidificar su sangre y tomar dietas alcalinas. Gente que tiene miedo a “los químicos” pero que atenúan con limpiezas y sanaciones “cuánticas”. Gente para la que todo produce cáncer pero que se cura el cáncer con zumo de limón… Tenemos hoy una sociedad más desinformada de lo que estaba en los años setenta u ochenta, paradójicamente. Y este caos monumental se ha dado gracias a aquellas autopistas de la información que iban a hacernos una sociedad mejor.

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