Es la religión, estúpido

Puede parecer una perogrullada, pero el terrorismo religioso (me niego a usar el eufemismo yihadista) es un problema religioso. Sumidos como estamos en una ola de buenrollismo multiculti en el que parece que la identidad religiosa es algo connatural a los seres humanos y que hay que aceptarlo tanto como el color de piel, parece una locura decir que es la religión lo que induce a alguna gente a hacerse estallar en una terminar de un aeropuerto, a soltar gas en una estación de metro, a estrellar aviones contra edificios, a encerrarte en un rancho en Waco o simplemente a liarte a tiros en el centro de Oslo.

La clase política, que es políticamente correcta (¿de dónde vendrá ese término?), jamás lo admitiría, porque criticar una religión parece asociarse por una masa acrítica de esos votantes de los que se nutren, con una repulsa por quienes profesan dicha religión (¿cómo era aquello de que las personas deben ser respetadas, mientras que las ideas deben ser cuestionadas?). Así que hace muchos años algún librepensador que aún lo tenía claro decidió callarse y las generaciones sucesivas de políticos que aplauden “cuando toca” en el Congreso ni siquiera se han planteado el tema en su fuero interno. Asumen que hay que aceptar las religiones porque si no, estamos discriminando a la gente que profesa dichas religiones.

Yo no tengo que ser políticamente correcto, así que puedo decirlo. La religión causa problemas. Precisamente porque es lo opuesto al pensamiento razonado. La religión te pide que aceptes, sin usar tu cerebro (esa cosa parecida a una coliflor que hay dentro de la cabeza), una serie de verdades universales. La primera de todas, que tu religión es la única buena y que todas las demás son pamplinas. Y una vez abierto el melón de la falta de pensamiento crítico, no vamos a dejar que se nos eche a perder tan jugosa cosecha. Metamos ahí de todo. Desde atribuciones territoriales, normas morales, sociales, etc. Y por supuesto, todo esto es incuestionable simplemente porque lo dice dios. Uno de ellos.

Quien diga (como me han dicho) que un tipo que aprieta alegremente el gatillo de su Kalashnikov al grito de “dios es grande” no tiene nada que ver con la religión, y que sólo la usa “como excusa”, demuestra tener muy poca idea de lo que habla. Porque la motivación de quien aprieta ese gatillo no es robarte la cartera ni salir en las noticias. Es imponer un califato global.

Quien diga (como me han dicho) que las cruzadas no eran guerras de religión, sino que usaban la religión como excusa para hacerse con el poder de determinados territorios demuestra a partes iguales una enorme falta de capacidad de juicio y de conocimiento histórico. Porque la motivación para dominar aquellos lugares no era sus yacimientos petrolíferos sino ser aquellos los lugares mencionados en el Nuevo Testamento, ¡ah! y detalle importante, que estaban en poder de gente que no profesaba el Cristianismo.

En España somos especialistas en banalizar el terrorismo. Aún hoy hay gente que cree (o pretende creer) que la gente de ETA mataba por sadismo o por deporte (como Juan Carlos de Borbón en Botswana), y no por un ideal, en aquel caso, político. No ser capaz (o no querer serlo) de ver cuál es el problema subyacente del terrorismo sólo nos permitirá aplicar remedios paliativos pero nunca llegar a la raíz del problema. Porque la raíz del problema que tenemos ahora, es la religión, estúpido. (1)