El proceso creativo como escapismo

Si te quieres escapar de todo puede que no te haga falta desplazarte a ninguna parte. Una hoja de papel (Word) en blanco servirá ferpectamente. También, si eres uno de esos afortunados que saben poner notas una detrás de la otra y que suene bonito después, puedes componer. O sacar fotos como un poseso. Cada vez está más al alcance de la mano e incluso la cámara de tu teléfono servirá para un apuro. Puedes meterte en la ducha a cantar melodías que se te vayan ocurriendo. Juntar papeles molones y fabricar collages. Armarte con una pila de periódicos viejunos y darle al papel maché. Llenarte las manos de harina y hornear un rico pan mientras compones poesía en la cocina. Escribir código para comunicarte con tu máquina favorita y contarle cosas al oído. Puedes imaginar mil y una historias mientras escuchas música y luego contárselas a alguien querido. Ponerlas en papel y atesorarlas en cuadernos decorados con flores secas y purpurina.

Dejando algo de ti en lo creado, formando parte de ello para siempre. Habiéndote evadido por unas horas de todo lo demás, menos de ti mismo.

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