El verano
Los días son maravillosos. Con noches fresquitas de las de taparte y tener que cerrar la ventana para no despertar hecho un ovillo muerto de frío.
Es la perfección más absoluta hecha día de verano. Todo sabe y huele mejor. Las cosas se sienten con más intensidad. Como si fueran nuevas.
Igual que los niños, volvemos a ver las cosas con ojos nuevos. Dispuestos a descubrir todo lo bueno y exótico que nos rodea.
Cualquier actividad se convierte en una arrebatadora aventura que nos transporta a lugares insospechados. Queremos que el tiempo se detenga y sea todo exactamente así en un bucle eterno.
La paz que nos invade anidará en nosotros para siempre jamás. Los problemas se rendirán ante nuestra invencibilidad. Porque el verano nos hizo por fin inmortales.
