Tú, lo que tienes que hacer

Es, arreglarte y salir. Como diría la canción. De eso se trata en resumidas cuentas y de vez en cuando. Dependiendo de tus circunstancias e inquietudes, pero como medida terapéutica a veces. Pues en ciertas ocasiones puedes llegar a olvidar que existen cosas del mundo analógico que merecen mucho la pena. Como pasear, ir a un museo, perderte por una zona poco frecuentada de la ciudad, descubrir un parque nuevo o presenciar una bonita escena casi siempre protagonizada por un niño. Te puede pasar hasta haciendo la cola del super.

Un párvulo enfundado en su mandilón tose y la madre comenta que tiene tos. Él muy serio, lo confirma. Tengo tos y sueño. Con seseo y elpelo peinado con colonia. Varios palmos de pequeño ser achuchable que te iluminan el día y los recuerdos futuros.

Eso no te va a pasar estando en casa, por muy a gusto que estés debajo de la mantita, en pijama todo el día, portátil en el regazo a modo de extensión corporal. Es cierto que tampoco te lloverá encima, ni tendrás que esquivar furgonetas asesinas o padecer hacinamientos en transportes públicos. Las probabilidades de robo a agresión son prácticamente ínfimas así como el contagio de enfermedades estacionales o pisotones en los pies. No hay conversaciones de ascensor ni miradas furibundas. Pero te pierdes la belleza de las pequeñas cosas que hacen que lo de fuera acabe mereciendo la pena.