¿A quién le importa Barcelona?

Mientras escribo estas líneas están saliendo ya los resultados más o menos definitivos de las elecciones generales en España, que confirman la existencia de un tablero político que aboca o a unas nuevas elecciones o a un pacto PP-PSOE de große Koalition a la alemana. Dado que lo único que se ha producido es un pequeño trasvase de escaños, parece claro que unas terceras elecciones mantendrían el statu quo inalterado por lo que habrá fuertes presiones desde todas las instituciones para alcanzar ese pacto.


Más allá de eso, la realidad es que el PP y el PSOE son las únicas fuerzas capaces de gobernar el país, y lo son no tanto por la capacidad que han demostrado para ello o la honestidad de que han hecho gala, sino por cómo han optimizado su rendimiento de acuerdo con el sistema electoral. La Ley D’Hondt es un señuelo, e incluso la elevada abstención a la que muchos van a responsabilizar del resultado es un elemento secundario: el auténtico intríngulis está en las circunscripciones provinciales.

Consulte el lector el mapa electoral que le apetezca, y verá que en las provincias donde está sita la capital siempre hay un “nuevo partido”, ya sea Podemos o Ciudadanos, o ambos, y suelen tener aceptables resultados. Podemos ha hecho gala durante su campaña de “los ayuntamientos del cambio” refiriéndose a las capitales del país, Madrid y Barcelona, pero igualmente su fuerza electoral está en las ciudades, y cuanto más grandes mejor. Ciudadanos lo dice todo con su nombre: es un partido que nació en Barcelona y su principal caladero de votos se ha situado en las zonas urbanas.

Sin embargo, no es en las ciudades donde se gana el país. Las ciudades (y más aún las grandes capitales), cada vez más interconectadas y conectadas con ese mundo global, son los sitios donde vive la mayor parte de la gente y donde se produce el mayor dinamismo económico de España, pero su representación política no es suficiente para ganar las elecciones. Su representación mediática, cultural, etc. es muy superior a la capacidad efectiva de decisión política que tienen sus habitantes a través del voto. Elección tras elección comprobamos que los aproximadamente 250.000 votantes del PACMA tiran su voto religiosamente.

Si esto se considera un problema, y puede serlo porque se está negando efectivamente la capacidad de decisión de una buena parte de los españoles que, por pura probabilidad, viven en ciudades, hay una oportunidad para cambiarlo: que los partidos afectados por los efectos de las circunscripciones provinciales (en este caso Podemos y Ciudadanos) hagan frente común en el Parlamento. De momento ni Pablo Iglesias ni Albert Rivera han mostrado el menor interés en ello. ¿Espabilarán ahora que uno ve que el famoso sorpasso nunca llegará y que el otro ve que pierde aún más relevancia?