De culpas y ganas

Días pasados en algún apartamento de Punta Carretas un grupo de amigas discutía el quedarse o no con las ganas de proceder cuando algo o alguien nos trae a la mente a alguna persona.

Soy de las que cree que más vale quedarse con la culpa y no con las ganas y finalmente escribir a esa persona un cómo estás, un me acordé de vos y te mando un beso o un abrazo o lo que sea, pero que esa otra persona sepa finalmente que nos acordamos de ella.

Soy de las que cree que un cómo estás no mata a nadie, de las que cree que hay que accionar cuando las ganas de saber de alguien nos invade.

Hace un rato publiqué en Twitter una frase que escuché más de una vez y en la que creo: “Todo lo que vale la pena hacer hay que hacerlo, no hacerlo es de cobardes” casualmente la escuché recién en una película de marinos. Lo sé, ver películas de marinos trabajando donde trabajo y habiendo sobrevivido a #GuantanamoExperience es de masoquistas, pero bueno…

La cuestión está en discernir qué es lo que vale la pena y qué no. Pero ni modo, volviendo a la discusión en el apartamento de Punta Carretas, y aún saliendo de allí, muchos optan por no accionar por temor al temerario “visto”, sin respuesta.

Capaz esa otra persona también se acordó de nosotros pero tampoco acciona por el mismo temor al visto. Y así es que se pierden oportunidades o no, pero si no accionamos cómo vamos a saber.

Quizá no estábamos seguros si eso valía la pena o no, quizá con ese accionar lo comprobamos y salimos de la duda. ¿Valió la pena? Nos contestó, también se acuerda de nosotros y se alegra de recibir ese “che, me acordé de vos” ¡genial! Y si no, también, es sano salir de dudas y no insistir en querer saber de quién no quiere saber de uno.

Si quiere saber de alguien escríbale, atrevanse a dar el primer paso, no espere, el mundo está lleno de gente que espera.

Más vale quedarse con la culpa y no con las ganas.