La primera entrevista y las preguntas fallidas
Mariana González
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Yo también añadiría ensayar la entrevista con alguien que nos pueda aconsejar. Es muy común que a nosotros mismos se nos pasen por alto muchos detalles cuando nos miramos al espejo, pero que pueden resultar evidentes para otra persona.

Algunas de esas «preguntas con trampa» no tienen como objetivo una respuesta correcta — es imposible conocerlo todo sobre el puesto/empresa/negocio — sino estudiar las aptitud y las reacciones del candidato ante un imprevisto, ante una situación de tensión. Hay gente que lleva las entrevistas muy preparadas, pero ante una pregunta imposible, muestran su verdadero carácter y eso es lo que busca el entrevistador.

En mi primera entrevista de trabajo me hicieron esperar unos veinte minutos más allá de la hora en la que estaba citado, sentado en una silla. En mi caso aguardé pacientemente hasta que me avisaron desde un despacho. Otras personas se interesaron — muy amablemente — en la recepción por si había algún problema (quizás la mejor opción). Otros protestaron enérgicamente por la pérdida injustificada de tiempo e incluso alguno puede que se marchase. Sé incluso de uno que se quedó dormido mientras aguardaba.

Conclusión: además de preparar las preguntas, también es importantísima la actitud.