PENSAR, HACER PENSAR Y COMUNICAR

Este es el último ensayo de una asignatura del grado de Filosofía de la Universidad de Navarra, Filosofía del lenguaje; en la que se nos invita a desarrollar nuestro propio pensamiento en base a un texto. Me parece un reto poder hacerlo con un texto de Quine cuyo título plantea la siguiente cuestión:

¿Ha perdido la filosofía el contacto con la gente?

Me gustaría más que responderla pensar sobre dicha cuestión, sin dar una respuesta que abarque todo el problema, sino mediante una serie de reflexiones a raíz de la poca experiencia que tengo como joven del siglo XXI, una experiencia quizá poco científica y rigurosa y más bien basada en mi realidad vital más próxima, de modo que sea un intento de expresar el papel que creo que juega hoy día la filosofía en la gente de a pie, el lego, como denomina Quine en su artículo; de cómo está presente y qué podemos hacer para que no pierda ese contacto que pudo haber tenido tiempo atrás.

En primer lugar, tendríamos que preguntarnos si esta pérdida de contacto, ¿es culpa de la propia disciplina filosófica, de su objeto, de su método o quizás del sujeto que se pone frente a ella?

Si es la filosofía la que ha perdido contacto con la gente, nos centraríamos en cuestiones relacionadas con la conocida especialización del conocimiento, en el progreso de la ciencia o en el triunfo de los saberes prácticos. Todo ello ha desembocado en el arrinconamiento de la que debería ser la Ciencia Primera, la sabiduría por excelencia, quedando así relegada en un futuro no muy lejano, a una mera optativa en el plan de educación obligatoria y una opción inútil como profesión. La denominada Ciencia inútil.

Quizás este resultado también sea fruto de una falta de actitud, de una pérdida de contacto de la gente con la filosofía. Por tanto plantearíamos la pregunta de Quine más bien al revés:

¿Ha perdido la gente contacto con la filosofía?

Y después de echar una mirada a nuestra sociedad y tantear qué es la filosofía para la gente que me rodea, principalmente universitarios; a grandes rasgos diría que he comprobado la falta de interés, el acomodamiento en el que se vive, el relativismo, el hedonismo y en definitiva una pérdida de la capacidad de asombro ante la realidad.

Creo que para tener contacto con la filosofía hay que acercarse a ella o más bien a la realidad, con cierta actitud. Necesitamos esa actitud de “amor a la sabiduría”, y es precisamente esto lo que está ausente en las aulas, pues se imparten conocimientos pero no amor al conocimiento. Necesitamos una actitud que implique tanto a la inteligencia como a la voluntad. “Todo ser humano desea por naturaleza saber”, por lo que deberíamos integrar el querer y el conocer para ir en búsqueda del fin más noble de ambas facultades, el bien y la verdad, y en definitiva los fines más nobles del ser humano.

Todos poseemos ese deseo insaciable de saber más, y no solo de saber sino de ser más, y es que la búsqueda del bien y la verdad se dan no solo en el conocimiento teórico sino también en el práctico, de modo que ese ‘ser más’ consista en crecer y ser cada vez más humanos. Pero creo que nuestra sociedad está deshumanizándose cada vez más, nuestro mundo se centra en vivir sin cuestionarse el sentido de su existir, y es que si el ser humano debe alcanzar su humanidad plena, ha de saber cómo y para ello conocer quién es él, en definitiva conocerse y quererse, para así poder dar sentido a su existencia. El cómo hay que averiguarlo en el recorrido de la vida dando una respuesta personal.

Se nos ha hecho una invitación a pensar en esta asignatura, y considero que justo es ese el papel que debería tener la filosofía, no tanto un papel meramente transmisor de ideas y conocimientos acumulados de la historia de la humanidad, que le corresponde quizás más a un ámbito académico e intelectual más especializado, que podemos encontrar en las Universidades; sino un papel que pueda llegar a todo tipo de personas e incite a plantearse radicalmente ¿y por qué?, y ¿estás seguro?, y ¿si no…?

Que el filósofo no se limite a pensar sino a hacer pensar sobre cuestiones que toquen de cerca a la gente, no quedándose en un mundo ideal y abstracto al que no todos son capaces de llegar. Me gustaría que fuéramos filósofos de calle, como lo era Sócrates, que iba por Atenas dialogando con la gente, haciéndoles pensar y así sacando a la luz la verdad que tenían en su interior.

Por tanto si queremos que haya un contacto con la filosofía, necesitamos un cómo, un medio, y hoy día hay muchos medios, sobre todo sociales. Ya decían los clásicos, que el bien es difusivo, y qué mayor bien que aquel que transmite la filosofía, un amor a la sabiduría y por excelencia la sabiduría más excelsa es la verdad, y la verdad se debe revelar a quien la desconoce. Así que si tenemos el poder de transmitir la verdad y se suele decir que el mundo lo mueven las ideas, solo hace falta comunicarlas y he aquí que para comunicar es imprescindible el lenguaje y por eso siendo filósofos debemos reflexionar sobre él.

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