Mamá, no sea más heroína.

¡Sea feliz!




Primer grado. Primer libro. Primera frase: “mamá amasa en la mesa”, y se nos grabó para siempre.

Después, la tarjeta del 15 de Agosto era una imagen de mamá a la que le dibujábamos súper poderes, alas de ángel o un sartén. Mamá podía dedicarse a cualquier cosa menos a ser mujer. Menos a ser feliz. El sistema nos educó mal.


Recuerdo el día en que papá –con toda la buena intensión, seguro- me hizo regalarle a mamá una olla arrocera para el Día de la Madre, caminé del pasillo hasta el cuarto donde estaba ella, sintiéndome la peor hija del mundo. Yo ni siquiera sabía si a mamá le gustaba comer arroz.
Me miró y sonrió por cortesía, pero en el fondo debió sentir más rabia y frustración que agradecimiento.

Mamá, sin que se lo pidan, deja todo por sus hijos y olvida que ser mujer es un privilegio y un regalo al que no debería renunciar por ellos. Primero fue mujer, después fue madre. Si ellas dejan de honrar eso, tenemos que hacerlo nosotros devolviéndoles su dignidad, individualidad y su autoestima.


A las mujeres nos cargaron todo tipo de funciones: la menstruación, la virginidad, el útero, las contracciones, parir, producir leche, la educación de los hijos. Todo se acaba con la menopausia. O mejor dicho, con la revelación de algunas, empieza. El asunto es que nos sobrevaluaron los órganos. Nos sacralizaron por dar vida y nos hicieron creer que negarnos a todo esto estaba mal.

Estoy viendo pasar de largo mi edad fértil. Todavía hay gente que me ve raro cuando cuento que no me conmueve la idea de parir. A mí más que ilusionarme, me aterra, el tema de las estrías y la lactancia y afortunadamente en mis tiempos la anticoncepción está tan de moda que hasta una app me advierte la ovulación.

Ser madre es una decisión loable, no me malentienda, mamá. Admiro y aplaudo que haya parido. Lo que ocupamos el otro tipo de valientes que decidimos no hacerlo es que usted se deje de sentir más especial y afortunada que nosotras por eso. Los hijos están sobredimensionados y no todas necesitamos tenerlos.


Mamá, ¿me deja aconsejarla hoy?

Si le llama experiencias a los sacrificios descubrirá que ninguno fue en vano. Si perdona y se perdona probará lo deliciosa que sabe la reconciliación. Si deja que yo sufra me enseñará a ser fuerte. Si empieza a hacer más de lo que a usted le gusta conocerá la realización propia. Yo no puedo ser lo que siempre soñó, quiero ser lo que siempre soñé yo y que usted se sienta orgullosa por eso.

Aprenda a decir que no. Llore cuando le den ganas y no se esconda para hacerlo. Dígame cuando no quiera cocinar o cuando le aburra lo que le cuento. No me pregunte qué blusa se le ve mejor, póngase la que la haga sentir más linda. No me pida libros de Coelho para encontrar la felicidad, yo quiero que la encuentre en lo simple y dentro de su corazón. Planee sus días y nos los consulte conmigo. Libérese, rompa reglas, haga algo que nunca ha hecho. No se sienta mal si se arrepiente de mis hermanos o de mi alguna vez. Yo también me arrepentiría…

Le hemos hecho creer que es perfecta, pero no, está bien si se equivoca o si no tiene la respuesta o el consuelo. Hágase un favor, mamá, no sea más heroína, sea feliz.