Vivir en una sociedad machista

Hace unas semanas fui a una charla de ilustración feminista, a la que me invito una amiga, Isabel, en esa charla además del ambiente creativo en el que me envolvió desde que entre, algo que me dejó pensando en mucho de lo que pasa a mi alrededor es una frase que llama a “lo personal es político”, tomando en cuenta siempre que lo que nos pasa en lo privado, sucede en lo público y le sucede a muchas otras personas que lo sufren en silencio.

A partir de esa frase me puse a pensar en todas las veces que salgo a la calle y soy acosado por hombres con expresiones como “marica”, “pinche joto”, “puto”, esto no es algo que yo viva solamente, he escuchado de muchos amigos y así cuando alguien me grita por la calle “maricón”, quisiera responder ante la agresión con algún argumento sobre la homofobia y machismo, pero me detengo a pensar que puede haber una reacción perjudicial para mí persona. Aunque vivo en una situación de privilegio porque he podido estudiar la universidad, tener accesos que muchos no tienen, no dejo de pensar como viven aquellas personas que no tienen esas mismas posibilidades, se que puedo acudir a mis amigos, que puedo acceder a alguna organización y pedir ayuda, para replicar un llamado a la acción contra un acto violento en contra de mi persona, pero muchas personas no lo viven así, no en este país de privilegios, donde la desigualdad crece gravemente.

Lo personal es político

es político cada vez que salgo a la calle,

es político cuando el machismo ofende, minusvalora,

es político porque son mis derechos en juego,

es político porque implica relaciones de poder.

Pero siempre me he encontrado con personas que defienden que tenemos que seguir debatiendo sobre los derechos de los homosexuales, sin darse cuenta que al hacerlo se vulneran a las personas que no entran en la “norma” establecida, porque dicen hay otros problemas más importantes por atender, la pobreza, la desigualdad, los indígenas, pero la lucha por unos derechos no va en detrimento de otros, porque cuando se habla de los derechos laborales no va en detrimento de la lucha contra el racismo; algunos otros dicen que la lucha LGBT es más cómoda porque no trastoca la lucha de clases, pero es lo contrario es más incómoda porque muchas personas consideran que somos “degenerados”, “anormales” o alguna otra forma de descalificación.

Continuar con prácticas machistas, seguir debatiendo sobre a quienes darle derechos y en que condiciones, si alguien o no merece tener libertades, es retrasar la deuda histórica sobre poblaciones discriminadas repetitivamente.