Ansiedad y Depresión, my old friends.

Por momentos siento que lo peor que me pudo pasar fue que me diagnosticaran TAG y Depresión… y empezar a tratarme.

No los ataques de pánico, no los pensamientos fatalistas con los que viví toda mi vida y la rumiación infinita, sino que me confirmaran que las cosas no estaban bien, y que tampoco eran garantía de que iban a estarlo mi excesiva preocupación ante cualquier cosa que pudiera pasar y mi necesidad de poder controlar cualquier situación.

Esa preocupación era mi escudo, ya me lo había dicho la psicóloga, pero ahora, que empieza a quebrarse, lo puedo sentir.

Me siento en un limbo, vulnerable y sin un plan. Hacer planes es una de las cosas que más me gusta hacer; proyectar, sentirme preparada ante lo que sea. Y ahora no lo estoy.

Incluso tenía planes para cuando fallaran los primeros. No tenía un Plan B, tenía muchos más. De hecho tenía un plan Z, un plan de fuga, que se parecía más o menos a crear un escenario en que las cosas que salieran mal no dependieran del todo de mí, sino de que, por ejemplo, estaba en una nueva ciudad en la que no conocía a nadie, no hablaba el idioma o algo si se quiere más extremo… Y ahora no tengo nada más que a mí, buscando sin querer situaciones extremas que me hagan accionar, porque no tener nada implica también no tener ganas.

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