Menos y menos es más, y eso no siempre es bueno.

Esta historia puede no ser real.

L.
L.
Jul 20, 2017 · 3 min read

La única vez que me enamoré fue de un menos, y verán, yo también soy un menos.

Entre las pocas cosas que recuerdo de la escuela, está esa ley de signos que dice que menos por menos es más. Al principio de la relación pensé que me habían engañado, que no había forma de que juntos, dos menos, hiciéramos un más.

Cuando digo que me enamoré de un menos, o que soy un menos, no me refiero a que seamos malas personas. Menos, así lo llamaré desde ahora, es un tipo muy dulce, tan dulce que no sé cómo pudo llegar a gustarme tanto, tomando en cuenta que siempre me interesaron los tipos tan seguros de sí mismos que no sabía muy bien si era seguridad o arrogancia lo que transmitían.

Menos era de todo, de todo, menos arrogante o seguro de sí mismo. Estudió filosofía, habla 5 idiomas, ingenuo, muy inteligente y respetuoso. Su adicción es correr… y era tan irracional su necesidad, que me pedía permiso, porque le daba por hacerlo en los momentos más inesperados, y muy en el fondo él sabía que no era buena idea salir a correr a la madrugada. Yo casi nunca le di permiso, siempre preferí quedarnos en la cama haciendo nada y él no ponía resistencia. Era la adicción que compartíamos: hacer nada en la cama todo el día.

Menos estaba deprimido y yo hacía dos meses que empezaba mi tratamiento para la depresión. Era una bomba de tiempo, tenía mucha energía, ganas de salir, decía que sí a todo; era otra persona. Una que recién se permitía dejar la mochila de preocupaciones y dudas en casa, una que no estaba dispuesta a cargar la de alguien más.

Era otra persona, una más egoísta que la que sufría demasiado por estar mirando todo el tiempo su propio ombligo, pero a la que no le daba culpa ser tan egoísta. En serio, era otra persona.

Él estaba un poco ensimismado, no le encontraba mucho sentido a la vida pero si estábamos juntos estaba todo bien. Yo no podía con esa presión.

Si no contamos a mi papá, y a mi mejor amigo que tiene la medalla del primer lugar en veces que me han visto llorar, Menos fue el único tipo que me vio llorar. Lloramos juntos varias noches, desde afuera seguro se veía tierno, pero era un infierno.

Yo empezaba a sentirme bien y no lograba que él se sintiera bien, así que dejaba de estar bien yo también. A veces nos servía hacer planes, buscar boletos y hospedaje en otro país. Yo le seguía la corriente, él estaba convencido de que todo iba a estar mejor en otro lado, yo no. Sabía que no íbamos estar juntos para la fecha en que compráramos los boletos. Sabía que iba a salir corriendo.

Éramos dos vivos ejemplos de que no importa el lugar, la depresión hace que te quieras ir de todos lados. Ambos tenemos 4 años viviendo en Buenos Aires, ambos escapábamos de fantasmas a los que no les pudimos ver nunca la cara ni identificarlos. Ambos, otra vez, nos queríamos ir… pero yo sabía que no iba a resolver nada.

La primera en rendirse fui yo, le dije que no podía más… que me estaba costando mucho. Él lo entendió, lloramos un montón, pero a las pocas semanas quiso volver a intentarlo. Y yo también.

En esta segunda fase nos hicimos mal, la terquedad nos hizo mal. No podíamos y no bastaba con querer. Me rendí de nuevo. Me arrepentí después. Ahora se rindió él y decidió irse.

Menos y yo éramos más; más angustias, más miedos e inseguridades. Intentando no hacernos daño nos hacíamos más daño, pero qué lindo parecía ser todo cuando no pensábamos, cuando nos dejábamos llevar y no le dábamos permiso a ese otro adicto que teníamos corriendo en la cabeza.

Por suerte cada vez lo extraño menos, que no es poco.

Ojalá esta historia no fuera real.

)

Welcome to a place where words matter. On Medium, smart voices and original ideas take center stage - with no ads in sight. Watch
Follow all the topics you care about, and we’ll deliver the best stories for you to your homepage and inbox. Explore
Get unlimited access to the best stories on Medium — and support writers while you’re at it. Just $5/month. Upgrade