Odio ser tan completista jugando a videojuegos

Ahora que hemos cambiado de año y acaba de empezar el 2018, es imposible no tomárselo en lo personal como un cambio de ciclo, o incluso, para los más optimistas, utilizar el cambio de año como un punto de inflexión en su vida. Yo he decidido: cambiar ciertos hábitos para ser más eficiente en mi día a día, aprender a poner la lavadora y dejar de comerme las uñas. Estos dos últimos son los más complicados, pero voy a hacer énfasis en mi propósito de los hábitos.

No sé si os pasa, pero me cuesta mucho salir de mi zona de confort en lo que se refiere a consumir contenido. Es decir, yo no soy una persona normal que acaba una serie y empieza otra, sino que si me gusta algo, lo repito sin cansarme. Me da mucha pereza salir de las cosas que se que me van a hacer pasar un buen rato. Un claro ejemplo es lo que me pasa con Cómo Conocí A Vuestra Madre, os pongo en situación: llego de clase cansado, y en vez de seguir activo, me relajo en la cama, me pongo episodios entreteniéndome con Tedtronco y su búsqueda de la mujer perfecta y ya no vuelvo a conseguir arrancar en cuanto a productividad. Esto tiene dos problemas: antiproductividad y estancamiento en cuanto a cultura. Y si, series/películas/videojuegos son cultura.

Los videojuegos son muy largos y la vida es corta

Con los videojuegos me ocurre algo parecido, disfruto mucho de algún título en concreto, y en vez de terminar con él y ponerme a jugar a uno más reciente, me pongo a buscar piezas para construir una nave espacial imaginaria. Es que es absurdo y por eso lo pongo así, porque no tiene sentido hacer eso y esto es culpa de la influencia de la inclusión de logros en los videojuegos, no es culpa mía, lo juro. Siento la necesidad de, cuando me gusta un juego muchísimo, no terminar con él hasta conseguir el 100% de logros, aunque tenga que hacer cosas aburridísimas, haciendo que se convierta la tarea en un comehoras.

Horizon Zero Dawn, el único juego que he disfrutado más cogiendo coleccionables que con la historia principal

Esto tiene una parte positiva que es rentabilizar al máximo mi inversión, es decir, si un videojuego me ha costado setenta euros de salida y finalizo la campaña, recojo todos los coleccionables y hago todas las misiones secundarias, me puede dar unas 30 horas de juego. Esto hace que los títulos que vayan saliendo bajen exponencialmente de precio y cuando vaya a comprar uno, esté muy barato. En cambio, si solo me lo termino, pues imaginaos todas las contra que tiene.

La verdadera cuestión es: cuánto vale mi tiempo, y como la respuesta es más que obvia, he decidido, tras tres meses jugando al maldito Mafia III cogiendo cada coleccionable de New Orleans, que esto va a cambiar. Así que, ya que últimamente le estoy dedicando muy pocas horas a la consola, por lo menos, voy a intentar que cundan y tener una opinión respecto a los videojuegos de la actualidad. Estoy cansado de leer lo bueno que es el Assassins Creed Origins en Twitter y yo, que siempre he sido un apasionado de la saga ni haberlo jugado. Si es que todavía ni he jugado al maldito The Last Guardian, y eso que no dejo de escuchar a mi buen amigo Victor Abarca, por última vez en su podcast, que es una obra de arte.

La conclusión de este post es que, incluso consumiendo contenido, existe la productividad. Así que voy a intentar llevar este adjetivo, incluso hoy 1 de enero de resaca escribiendo este post hasta el próximo 31 de diciembre. Mientras dure esta motivación, que sea eterno, ¿verdad? ¡Feliz año a todos los lectores del blog y mucho ánimo con vuestros objetivos para 2018!

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