No hay que estar triste.

¿A dónde van las nubes rosadas con todos esos recuerdos recién vividos, montados sobre ellas?

Ah, cómo se abre paso la calle para construirnos la salida de regreso a la casa que llamamos casa.

La felicidad siempre va a venir seguida de un poquito de nostalgia. Como esas gotas de lluvia atrapadas en el techo que se dejaban caer al vacío deslizándose en las ruinas de árboles secos. Como la paz en forma de desahogo.

¿Vas a recordar tanto como yo el olor de los árboles entre la neblina? ¿No vas a olvidar el color de nuestras manos antes de juntarlas para caminar a mejor ritmo? Te prometo que en mi pecho está marcada cada memoria, con el tono de tu piel y la forma de tus cejas, con el sonido de tu risa, con el fondo neblinoso que cubre la madera no simulada.

Este encuentro me hace querer susurrarte un pedazo de conciencia: y es que sigo aquí y sabés que voy a seguir, desnuda y apartando el miedo si estás frente a mí apuntándome en silencio. A Lucía no le va a importar si te acordás o no, si le rompés una promesa. Vamos a seguir sintiendo la tierra húmeda en las plantas de los pies y encontrando placer en eso.

¿Qué quiere decir esto? Nada, una taza de té. No hay drama en el murmullo, y tú eres la silueta de papel…
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