Yo me bajo

Ni me caso, ni me embarazo.

De acuerdo, entiendo la sorpresa. Tengo 33 años, una relación feliz y duradera y soy directora creativa en una agencia de publicidad. Entiendo que todos esperasen algo distinto cuando llamé con la gran noticia, pero es que yo me bajo. Y él también.

Photo by Kyson Dana on Unsplash

Me bajo de un trabajo que no me deja tiempo para vivir. Un trabajo que me persigue fuera de la oficina a través del correo o a base de whatsapp el fin de semana. Un trabajo que me obliga a autopresionarme para que todo salga bien porque se hace mal desde la base. Un trabajo que me ha permitido conocer a grandísimos profesionales y otros que no los son tanto.

Me bajo de una profesión que ha perdido el norte de tanto mirarse el ombligo. Una profesión que se aprovecha de la pasión de los que la elegimos para dárselas de importante. Pero reconozcámoslo, ni salvamos vidas, ni el mundo será un lugar peor si uno de nuestros carteles, guiones o posts llega un día tarde.

Me bajo de una ciudad que me ha hecho muy feliz pero que se me ha vuelto antipática de repente. Una ciudad estresada, con gente malhumorada por las mañanas, taxistas psicópatas que te odian por el mero hecho de ocupar su misma vía y coches atascados que contaminan nuestro futuro mientras se burlan de quienes toman medidas para evitarlo.

Me bajo de un barrio maravilloso que no para de encarecerse por la gentrificación y la especulación que se ha adueñado de la mal llamada economía colaborativa. Una economía que los perezosos gobernantes se niegan a regular porque nos haría entrar en un debate muy profundo y, ya se sabe, que no nos quieren ver pensar.

Me bajo del camino establecido porque me niego a seguir como si nada, abrazar fuerte a mi pareja, convencernos de que así es la vida y contentarnos con celebrar una gran boda, casarnos con la hipoteca y empezar a traer niños a un mundo que ni siquiera me gusta para mí.

Yo me bajo una temporada, no sé cómo de larga. Nos hemos ganado un tiempo para nosotros.

¡A ver qué pasa!

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