Es un rio de sangre.

Y nos preguntamos porqué sufrimos, nosotros pobres seres humanos, como si fuéramos lo único que importa o lo más importante — no se que es peór. Entonces profundamente yo me pregunto: ¿lo único que importa o lo más importante para quién? ¿Para nosotros mismos?, o ¿para aquél Dios darwiniano en el que todavía muchos confían?

Sin importar demasiado la obvia respuesta — porque desde cuándo a alguien le interesa lo que Dios manda — pienso que nuestro ya famoso egocentrismo como especie nos puede llevar a la barbarie y a la destrucción, si no lo está haciendo ya.

Dependemos, si dependemos de las demás especies del planeta para sobrevivir, como individuos Y como especie. Ésta es la realidad que la raza humana debe aceptar, somos débiles, orgánicos y sumamente dependientes de ésta Tierra y de todo lo que hay en ella, nos guste o no.

Pero el ser humano es astuto, y no ha sobrevivido hasta ahora por casualidad ni tampoco azarosamente nos hemos vuelto la especie dominante del planeta. Sin admitir nuestra debilidad nos hemos hecho de los medios para sobrellevarla coexistiendo con ella sin que implique nuestra extinción. El problema es el cómo.

No se nos ha ocurrido mejor idea que, para sobrevivir y dominar, fastidiar a todas las demás formas de vida alrededor y a la vez agotar toda clase de recursos naturales. Por si fuera poco, hacemos gala de nuestra imaginaria fuerza superior cocinando perros vivos de tanto en tanto o haciendo alguna de esas corriditas de toros con despeñamiento, toro embolado y lo que se les pueda ocurrir.

Es estremecedor el rio de sangre, dolor y horror que corre sobre la faz del planeta durante cada día los 365 días del año. ¿A quién se le puede ocurrir arrancarle la piel a un animal mientras está todavia vivo? Y ni hablar de las fábricas de torturar y matar animales en donde quiera que usted va. Hasta la ciencia hace gala de su supremacía específica al cortar animales vivios en pedacitos y tomar nota, eso si, de sus inesperadas reacciones.

Ridículo es pensar que esta forma de vida nos llevará a algún lado. Todos los días el rio de sangre y de dolor cubre al planeta, emanando olores innombrables de crías asesinadas en el vientre de sus madres mientras las carnean!

Pero a nosotros no, nada nos tiene que suceder, como si estuviéramos recubiertos de una capa de santa autoridad todo lo que hacemos está bien, seguramente porque lo dicen los libros que, sagrados o no, hemos escrito nosotros mismos.

Y yo a ésto digo: paremos el rio de sangre de horror y de dolor. Parémoslo ahora que todavía hay tiempo, verdor en las pasturas y sol en el cielo. El día que la mano del hombre escriba el libro que le dicte su corazón estaré orgullosa de pertenecer a la raza humana. Por ahora soy un híbrido animal indeterminado.