Día internacional del libro infantil

El 2 de abril, aniversario del nacimiento de Hans Christian Andersen, es el día internacional del libro infantil. En su momento puse aquí un comentario, que titulé De la banalidad a la sordera, apoyado en textos de Neil Gaiman, José Jiménez Lozano y Alan Bloom, a propósito de los libros que leen los jóvenes, o que los adultos les ofrecen para que los lean. Completo esas observaciones con dos citas, que resumo y que desean mostrar que si antes los chicos y chicas tenían por delante un solo camino de lecturas, difícil e incompleto si se quiere, pero contrastado, hoy tienen enfrente aquél camino y muchos otros, por lo que la necesidad de una orientación apropiada es mayor.

En su biografía sobre Chaucer propone Chesterton al lector que considere una posibilidad, que «en el caso de Chaucer fue probabilidad»: supongamos que un medieval dispusiese únicamente de tres libros y supongamos que esos libros fueran una versión de las obras de Aristóteles y su filosofía, la Divina Comedia de Dante, la Summa de Santo Tomás de Aquino. Ese lector no poseía libros sino mundos, tres completos universos de pensamiento, o, mejor, tres aspectos de un mismo universo: el positivo y racionalista, el imaginativo y gráfico, el moral y místico e inherentemente lógico. Por el contrario, un lector de hoy puede leer multitud de novelas y poesías sin acercarse ni de lejos al completo estudio de todos los aspectos del mundo real que uno encuentra en los tres libros citados.

En El cierre de la mente moderna dice Alan Bloom que un informático muy cualificado de hoy no necesita recibir, y de hecho no recibe, más educación sobre cuestiones humanistas que la más inculta de las personas. Más aún, la instrucción sobre su especialidad que recibe y los prejuicios que la acompañan, unida con toda esa información que nace y se esfuma en un solo día, le pueden hacer aceptar acríticamente las premisas de la sabiduría del momento y pueden alejarlo de las enseñanzas que personas más sencillas podían absorber antes de fuentes tradicionales. Así, «cuando un joven como Lincoln quería instruirse, las cosas a su alcance que debía aprender eran la Biblia, Shakespeare y Euclides. ¿Estaba en peores condiciones que los que tratan de abrirse paso a través del revoltijo técnico del actual sistema escolar, con su absoluta incapacidad para distinguir entre lo importante y lo que no lo es o, peor aún, cuando intenta determinar que vale más y qué vale menos en función del mercado?».

La conclusión no es que estemos peor que antes, pues en muchos aspectos estamos bastante mejor, sino que para los educadores hay ahora más trabajo por delante y no menos.

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G. K. Chesterton. Chaucer, en Obras completas, volumen IV. Barcelona: Plaza &Janés, 1962.

Allan Bloom. El cierre de la mente moderna (TheClosing of the American Mind, 1987). Barcelona: Plaza & Janés, 1989.