‘Los lisiados serán los primeros’, de Flannery O’Connor

Es fácil naufragar al querer explicar a los niños qué hay después de la muerte. En broma no se puede hacer, y en serio hay que hablar con honradez — uno no puede decir que sabe lo que no sabe — aunque solo sea para no causar daño. Para un lector maduro es modélico cómo Flannery O’Connor, a su estilo, presenta la cuestión en este relato.

Un asistente social viudo llamado Sheppard, abrumado por el egoísmo que muestra su hijo Norton a sus diez años, quiere adoptar a Rufus Johnson, un chico unos años mayor, listo pero problemático y lisiado. Sin embargo, Rufus rechazará los intentos que hace Sheppard por educarle y, sin ser consciente de las consecuencias que tendrán sus palabras, ofrece a Norton una posibilidad de reunirse con su madre que su padre nunca le había mencionado.

Como es habitual en la autora, el relato está construido con minuciosidad para que todas las piezas engranen bien: los nombres tienen un claro simbolismo, las metáforas están elaboradas, el lenguaje se adapta en cada caso a los personajes y al tono del relato. La escritora sureña desea resaltar cómo unos comportamientos chocantes no son menos grotescos que determinadas actitudes de personajes aparentemente sensatos. Uno de sus objetivos aquí es fustigar, con una esclarecedora ironía, la falta de rectitud y la ignorancia satisfecha de sí misma de Sheppard.

Este procura interesar a Rufus por cuestiones científicas, y cuando le dice que podrá ir en el futuro a la luna, Rufus le dice ásperamente:

« — No voy a ir a la luna y llegar allí vivo, y cuando muera me iré al infierno.

— Llegar a la luna al menos es posible — dijo Sheppard con sequedad. La mejor manera de tratar ese tipo de cosas era ridiculizándolas suavemente — . Podemos verla. Sabemos que está allí. Nadie ha dado pruebas fidedignas de que exista el infierno».

Pero el alucinado Rufus no sólo cree con firmeza en el cielo y el infierno sino que, insiste, «y aunque yo no lo creyera, seguiría siendo verdad». Además, a su modo, tiene clara la única razón en la que se puede basar la existencia del cielo y del infierno: la fe en lo que ha dicho Jesucristo.

Así que, ante la insistencia de Sheppard en «salvarle», Rufus comete actos vandálicos para forzar que la policía lo detenga y, cuando un periodista le pregunta por qué lo ha hecho, responde violentamente:

« — ¡Para poner en ridículo a ese Jesucristo de pacotilla!».

Flannery O’Connor. Los lisiados serán los primeros (The Lame Shall Enter First, 1962). Relato incluido en Cuentos completos; Barcelona: Lumen, 2005; 842 pp.; col. Narrativa; ISBN: 84–264–1511–3.