Un giro en la historia

Luis Daniel González
May 11 · 4 min read

En el último año y medio he visto dos películas sobre la figura de Winston Churchill y la primera temporada de la serie The Crown, en la que también aparece Churchill. Con ese motivo, como la figura un tanto patética que presentan no me convence o me parece muy incompleta, he recomendado con alguna frecuencia tres libros del historiador recientemente fallecido John Lukacs: Cinco días en Londres, mayo de 1940, y Sangre, sudor y lágrimas: Churchill y el discurso que ganó una guerra.

En Cinco días en Londres, mayo de 1940, el autor estudia qué pasó en unos días iniciales que fueron decisivos para la guerra mundial que vendría después. La tesis del libro es que, si a Churchill y a Gran Bretaña no se les puede llamar los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, pues Estados Unidos y Rusia compartirían ese honor, a Churchill sí hay que reconocerle que fue quien no la perdió cuando, entre el viernes 24 y el martes 28 de mayo de 1940, logró imponer sus criterios en el Gabinete de Guerra, frente a la oposición de Lord Halifax, y en el Parlamento, frente a buena parte de sus compañeros de partido. La idea es que, en la historia de los estados y de los pueblos a veces se da un giro, algo que no tiene nada que ver con un hito: mientras un hito es algo cuantificable, previsible, lineal, secuencial, «un giro puede suceder en la mente de una persona; puede significar un cambio de orientación; sus secuelas son múltiples e impredecibles, secuelas que en la mayor parte de los casos sólo retrospectivamente adquieren relieve. Un giro puede en ocasiones predecirse, pero no con certeza. En este caso ese momento se produjo a últimas horas del martes 28 de mayo. Fue la solución a un conflicto del que, en ese momento, Churchill había salido vencedor. Dijo que Inglaterra seguiría luchando, pasase lo que pasase. Pasase lo que pasase: descartando cualquier tipo de negociación con Hitler».

Lukacs termina su libro indicando lo que, a su juicio, supuso la postura de Churchill y la victoria en la Segunda Guerra Mundial: «En el mejor de los casos la civilización pudo sobrevivir, y Churchill aportó su pequeña colaboración a ello en 1940. En el peor, trabajó para darnos — sobre todo a los que ya no somos jóvenes pero lo fuimos entonces — cincuenta años. Cincuenta años antes de que se alzasen nuevos tipos de barbarie, barbaries no encarnadas por los ejércitos de Alemania o Rusia; antes de que las nubes de una nueva Edad Oscura cubran las vidas de nuestros hijos y nuestros nietos. ¡Cincuenta años! Tal vez fue suficiente».

Sangre, sudor y lágrimas: Churchill y el discurso que ganó una guerra es un comentario a tres discursos famosos de Churchill del año 40, que fueron pronunciados en el Parlamento y que luego circularon por escrito entre la población. El primero, el del día 13 de mayo, es el que terminó con la famosa frase «sangre, sudor y lágrimas»: un discurso sin promesas para el futuro y con solo amenazas, que fue sorprendente porque nadie había hablado antes así, nadie había pensado en esos términos sobre la guerra en Europa, y porque indicaba la confianza de Churchill en que la gente normal comprendería la gravedad de la situación y respondería a su petición de sacrificio. El segundo, del 4 de junio, tuvo lugar después de la retirada de Dunquerque y en él, aparte de reconocer que «las guerras no se ganan con evacuaciones», se contenía una declaración firme: «iremos hasta el final». Y en el tercero, el 18 de junio, aniversario de la batalla de Waterloo, anunció que la batalla de Francia había terminado, que preveía que la Batalla de Inglaterra estaba a punto de empezar, y dijo: «asumamos nuestro deber», de forma que si Inglaterra durase otros mil años todos pudieran siempre volver atrás la mirada para decir que «aquella fue su hora más gloriosa».

El autor hace una buena descripción de la forma en que Churchill preparaba sus discursos — los escribía personalmente a mano, los corregía mucho, ensayaba en alto los momentos clave… — y da una explicación convincente de por qué esos discursos han resistido el paso del tiempo: era su visión la que engendraba su retórica y no al contrario, pues ni su voz ni su dicción eran la de un gran orador; eran su magnanimidad y su coraje, reales y no fingidos, las que le ganaron la voluntad y el aprecio de la gente. De todo esto, además, no faltan las pruebas: aquella era una época en la que muchas personas llevaban diarios donde, sobre esa cuestión, se pueden leer testimonios llenos de autenticidad que Lukacs reproduce y apoya con una observación de valor también literario: «Escribir, a fin de cuentas, es el resultado de un impulso definido por expresarse a uno mismo: como dijo T. S. Eliot en cierta ocasión, es “el deseo de vencer una preocupación mental expresándola conscientemente y con claridad”».

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John Lukacs. Cinco días en Londres, mayo de 1940. Churchill solo frente a Hitler (FiveDays in London, May 1940, 1999). México: Fondo de Cultura Económica y Madrid: Turner, 2001; 256 pp.; col. Norma; trad. de Ramón García; ISBN: 84–7506–501–5.

John Lukacs. Sangre, sudor y lágrimas: Churchill y el discurso que ganó una guerra (Blood, Toil, Sweat and Tears. The Dire Warning, 2008). Madrid: Turner, 2008; 135 pp.; trad. de Ramón García; ISBN: 978–84–7506–861–9.

    Luis Daniel González

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    Escribo sobre libros, y especialmente sobre libros infantiles y juveniles, en www.bienvenidosalafiesta.com y en http://librosparajovenes.aceprensa.com.