‘Un puente hasta Terabithia’, de Katherine Paterson

Obra de referencia entre los relatos infantiles o juveniles que plantean un momento en el que un chico ve de cerca la muerte.

Jess Aarons, once años, quiere ser el corredor más rápido de su clase pero, cuando hay una competición, una chica nueva, Leslie Burke, vence a todos los chicos. Jess se hace amigo de Leslie y descubre con asombro que es hija única de padres cultos, que han decidido instalarse en una casa de campo porque han pensado «que estaban demasiado atrapados por el dinero y por el éxito y van a empezar a cultivar y a pensar en cosas importantes», según le dice la misma Leslie. Inspirándose en las Crónicas de Narnia, Leslie convence a Jess de que construyan un lugar secreto, en el interior del bosque, un país mágico como Narnia en el «que la única manera de entrar fuera cruzar el arroyo columpiándose en esta cuerda encantada».

Como sus otras novelas esta es excelente desde un punto de vista formal. La escritora norteamericana es una gran narradora, dibuja bien a sus personajes, construye los diálogos ágilmente y de acuerdo con los modos de ser de cada uno, hace descripciones rápidas y nada estereotipadas, termina con finales abiertos y positivos que no son ni cómodos ni forzados. Es importante atender a la elección del punto de vista: la narración discurre filtrada y, por un lado, todo se presenta tal como el protagonista lo ve, y eso requiere una cierta capacidad de apreciar el sesgo con el que se muestran las cosas, y, por otro, existen unos significados simbólicos que pueden pasar inadvertidos a los lectores menos atentos. Con este modo de actuar, de colocar al lector por delante del protagonista y hacerle así percibir mejor cuál es su evolución psicológica, la escritora consigue llevarle progresivamente a una identificación con él que difícilmente se lograría de otro modo.

La autora plantea la importancia de la imaginación en la vida emocional de los chicos. Cuando Leslie introduce a Jess en su particular recreación de Narnia, a Jess le sucederá que «por primera vez en su vida se levantaba con ilusión. Leslie era algo más que su amiga. Era su otro yo, más interesante: el paso a Terabithia y a todos los otros mundos del más allá». Jess, un chico con grandes dotes naturales pero sin experiencia, tarda en darse cuenta de lo que significa su amiga Leslie para él pero, gracias al enriquecimiento de su imaginación que le ha proporcionado el trato con ella, tendrá más armas para ver el mundo como en realidad es: «Resplandeciente, enorme y terrible, hermoso y frágil».

La autora ha contado que Un puente hasta Terabithia, un título simbólico, nació a raíz de la muerte de una amiga de su hijo pequeño y cuando, además, a ella le habían diagnosticado un cáncer. La escritora tomó la decisión de ponerse a escribir la novela debido a que su hijo pequeño le dijo que, con esas cosas, Dios estaba castigándole a él por ser malo, un comentario tan contrario a la enseñanza que ella intentaba darle que la llevó a pensar en cómo los chicos intentan buscar un significado a lo que no entienden. Ha subrayado también que no es una novela sobre la muerte, sino sobre las dificultades de comprensión y aceptación de un chico cuando ve la muerte cerca. Entre otras cosas eso significa, decía también Paterson, que no hay por qué darle ese libro a un chico con un problema parecido del mismo modo que no se nos ocurre recomendar Ana Karenina a una mujer que pase por una situación semejante a la de la heroína de Tolstoi.