Exceso de Cloruro de Sodio

Pánfilo Benavides no era precisamente la mata de la simpatía. Muy por el contrario, era un harakiri andante, un tirón de cera fría en un pecho velludo, un pisotón descalzo a una cucaracha. Nada de lo que hiciese causaba una agradable buena impresión y todos saben lo difícil que es causarla en una segunda oportunidad. En tal sentido, tomó la importante decisión de solo interactuar con ciegos y sordos, pero aquella estrategia le duraría poco pues nadie de aquel segmento de discapacitados le prestaba la más mínima atención, lo cual lo ponía de un humor de perros, mermando aún más su ya precaria vida social.

Aquel régimen rico en frituras que Pánfilo llamaba dieta, lo llevó a coquetear en múltiples oportunidades con las enfermedades coronarias. Habiendo entendido el mensaje después de un conato de infarto que casi acaba con su humanidad, decidió hacer cambios drásticos de manera de prolongar su amenazado organismo. Modificó sus hábitos alimenticios e incorporó hobbies a su rutina diaria: Ahora es vegano y desarma bombas a destajo. Su condición daltónica hizo que en una oportunidad cortase un cable verde cuando debía cortar el rojo, lo que devino en una explosión que le hizo perder un ojo y 3 dedos de una mano.

Optó por abandonar el desarmado de bombas y dedicarse de lleno al velerismo. Hasta que un día, un viento fuerte apagó su vela y lo dejó varado en el medio del mar a medianoche. Desde ese momento solo navega de día en lanchas fuera de borda.

Empieza un curso de cocina pero con una mano incompleta y aun daltónico, un día confunde unos ajíes dulces con unos rocotos y unos habaneros lo que le causa una alergia insufrible amen del respectivo brote hemorroidal.

Decide apartarse del mundo que le rodea y alquila una cabaña en la falda de la montaña mirando al imponente Matterhorn cerca del pueblito suizo de Zermatt a vivir una nueva vida rodeada de canticos tiroleses, leche, queso amarillo y chocolate a manos llenas.

Pánfilo Benavides muere solo pero feliz debido a un coma diabético sumado a la asfixia mecánica ocasionada por la continua inhalación de sus flatulencias producto de su intolerancia a la lactosa.

Quizás tanta azúcar era lo que necesitaba para compensar el hecho de ser el hombre más salado del mundo.

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