Un tipo infame

Belarmino Stojanovic tenía quizás el oficio más peligroso del mundo. Era el mercenario de los actos más insidiosos jamás creados: Asesino de piojos y liendres.

Aquel señor de origen serbio, representaba a la tercera generación en este infame pero necesario oficio. Su abuelo y su padre hicieron lo propio en la primera y segunda guerra mundial respectivamente, y el empezó a ejecutarlo con la frialdad propia que lo caracterizaba en la guerra de los Balcanes.

Habiendo entendido que este oficio le generaba ingresos para vivir con holgura, decidió entrarle por la puerta grande. Después de haber contratado una investigación de mercado, los resultados de esta arrojaron que su mercado potencial serian primeramente los detestables niños piojosos y las madres de estos, vagos callejeros, presidiarios despreciables y todo aquel que se declarase enemigo acérrimo de la higiene personal.

Su formación castrense, férrea por demás, se reflejaba en el ritual que aplicaba una vez capturadas estas criaturas, pues las sometía a una especie de corte marcial en donde les decía las sanciones a emplear por los crímenes cometidos, los cuales casi siempre eran considerados crímenes de guerra, lo que devenía en la aplicación de la pena capital.

Habiendo fungido como jurado, juez y ahora verdugo, Belarmino llevará a los condenados a la cámara de tortura donde los desollara, les cortará la cabeza con pequeñas hachas fabricadas para la ocasión y luego las colocará en diminutas tabletas, que serán colgadas en la pared, mostrando así el morboso placer que le generaba aquel no menos pernicioso oficio. En aquel cuarto construido para tal fin, albergaba cabezas de más de cien mil insectos.

Belarmino Stojanovic llegó a tener varias demandas interpuestas por la Sociedad Protectora de Animales, Capitulo Ectoparásitos y Conexos por el sufrimiento al cual sometía a estas pequeñas criaturas cuyo único crimen fue haber nacido y criado en dermis y cueros cabelludos. En una oportunidad, fue juzgado por crímenes de lesa insectitud por ser el autor intelectual y material del genocidio de Kladovo en donde más de 10.000.000 de piojos fueron masacrados en una escuela de aquella localidad durante una jornada de despioje y desparasitación.

En este oscuro capítulo de la historia serbia, los cadáveres quemados de los piojos fueron encontrados junto con el pelo trasquilado de los poco higiénicos párvulos en una bolsa de basura en la parte trasera de la escuela.

Durante una autopsia no autorizada a una muestra de los cadáveres, efectuada por la Sociedad Protectora de Animales, Capitulo Ectoparásitos y Conexos se descubrió que entre las victimas había piojas que estaban embarazadas y estaban a puntos de poner sus huevos en la cabeza de algún cochino estudiante, lo que causó indignación en la población más conservadora de Kladovo.

Ante la insistencia de este minúsculo sector, Belarmino Stojanovic fue sentenciado a cadena perpetua por un tribunal, pero esta pena le fue conmutada al día siguiente por una fianza de 1000 dinares serbios (algo menos de 9 dólares americanos) el cual pagó el director de la escuela ante la mirada atónita de los detractores de Belarmino.

Frente a tal descaro, de acuerdo con los conservadores, estos últimos en alianza con los militantes del recientemente creado partido Pro Defensa de Piojos de Kladovo (un ala radical del partido socialista de Serbia, seguidores de Milosevic) dictaminó que Belarmino Stojanovic era el enemigo público número uno de la localidad y por lo tanto debería pagar por su felonía. Aquella amenaza no amilanaba a Belarmino, quien seguía con su oficio altamente demandado.

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Con el pasar del tiempo, el negocio creció y Belarmino tomó la importante decisión de ampliar el rango de servicios, pero siempre con ese estilo recio e impecable para muchos y criminal para otros.

Incorporó la fumigación de casas y galpones, y la eliminación de ratas, ratones y palomas.

Patentó una mezcla de DDT con Gas Sarín y diseñó y fabricó sillas eléctricas para ratones y mallas electrificadas para palomas. En ambos casos ambas plagas recibían una descarga de 10.000 voltios que las hacía pasar al más allá ipso facto.

Aquel negocio ampliado y una fuerte estrategia de marketing lo hicieron conocedor en las ciudades de Belgrado, Topolya, Kraljevo, Jagodina y varios pueblitos serbios.

Los roedores y palomas que fallecían con aquel gas mortal, eran recogidos y posteriormente objeto de una taxidermia exquisita, lo cual le generaba al negocio unos ingresos nada despreciables. Por su parte, las víctimas de las potentes descargas eléctricas eran vendidas a precios competitivos a los restaurantes de comida china de la zona.

***

Con el pasar de los años, el negocio prevalecía pero la época de las vacas gordas era historia. Con la demanda descendiendo y teniendo que prescindir de varios de sus empleados y varios más de vacaciones, jamás pensó Belarmino Stojanovic que una llamada en horas de la noche lo trastocaría y lo haría tragar duro para decidir si ejecutar o no una nueva misión.

Esta vez no era la Sociedad Protectora de Animales, Capitulo Ectoparásitos y Conexos ni el infame partido Pro Defensa de Piojos. En esta oportunidad tenía que lidiar con algo, si bien no era ajeno al negocio en el cual trabajaba, estaba desacostumbrado, y no conforme, representaban la suma de todos sus miedos.

Tenía que acabar con un poco de cucarachas, y lo peor de todo… es que son de las que vuelan.

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