30 ciudades

En el año 2008, mientras en el mundo estallaba la crisis financiera mundial, un hecho pasó desapercibido en Argentina. Por primera vez en la historia de la humanidad el número de personas que vivía en ciudades superaba el de las que vivían en el medio rural. Este hito en la historia fue la manifestación de la tendencia global hacia una urbanización masiva que prevé que en 2050 dos tercios de la población mundial será urbana. La meta de China hacia 2025, por ejemplo, es sumar 450 millones de pobladores rurales a las ciudades. Es decir, en ocho años movilizará diez veces la población de Argentina a ciudades en expansión o aún inexistentes. Ciudades como Melbourne o Perth en Australia han planificado duplicar su población en las próximas dos décadas, de 4 a 8 y de 1,8 a 4 millones de residentes respectivamente.
Las ciudades son motores de crecimiento económico, de posibilidades educativas, de empleo, de oportunidades culturales y han demostrado en los últimos años que son los espacios donde mejor se expresa la democracia y se valora la diversidad. Las ciudades son tractoras de creatividad, conocimiento e innovación y consecuentemente atraen a las familias e individuos que realimentan ese ciclo de innovación y de desarrollo personal. Las ciudades funcionan también como máquinas que permiten hacer un uso más eficiente de recursos y aumentar la competitividad de los países. El World Economic Forum (WEF) define a la competitividad como “la habilidad de los países para proveer altos niveles de prosperidad a sus ciudadanos, lo que a su vez depende de cuan productivamente se utilizan sus recursos”. El WEF confecciona periódicamente el Informe de competitividad global cuya medición se basa en doce pilares: instituciones, infraestructura apropiada, marco macroeconómico estable, buena salud, educación básica, educación terciaria, capacitación, mercados eficientes, habilidad para aprovechar los beneficios de las tecnologías disponibles, escala de mercados local e internacional, producción de nuevos y diferentes bienes usando los procesos de producción más sofisticados y, finalmente, innovación. La gran mayoría de esos objetivos se alcanzan mejor desde ciudades altamente urbanizadas.
Las tendencias globales en torno a la gobernabilidad asignan, en el futuro cercano, mayor responsabilidad a las ciudades. Es en las ciudades donde se van a manifestar en gran medida las principales transformaciones que ya están cambiando nuestras vidas alrededor de lo que conocemos como smart cities. Las ciudades son vistas por la ciudadanía como el estamento más cercano a sus problemas. Sus gobiernos son organizaciones más pequeñas que se adaptan con mayor flexibilidad a los acelerados cambios que vivimos. Muchas innovaciones en políticas públicas se originan en gobiernos locales. Dependiendo del marco legal y responsabilidades, tienen una agilidad natural para articular con los diferentes sectores públicos, privados y de ONGs. Es decir, cuentan con mayor capacidad para construir fuerte capital social.
En este contexto las ciudades avanzan. Desde hace un tiempo también han comenzado a globalizarse a partir de la interacción con otras ciudades y vemos como brotan alrededor del mundo foros para discutir sus problemas y soluciones. Recientemente hemos visto, en aquellas con la escala y fortaleza política suficiente, la reacción de ciudades que se independizan de las decisiones de los gobiernos federales de sus países. Este proceso se profundizará aún más durante el siglo XXI.
Ciudades Argentinas
Con un 92%, Argentina tiene un muy alto porcentaje de población urbana aunque, como sabemos, con una serie de disfuncionalidades que no le permiten expresar toda las oportunidades disponibles. Con más de 40 millones de habitantes, 4 de cada 10 residentes se concentran en el 0.1% del territorio. Solo Rosario, Córdoba y Mendoza (área metropolitana), fuera de Buenos Aires, superan el millón. La población no es el único indicador de urbanismo ni el más importante, pero sí es relevante en términos de la escala que una ciudad puede adquirir.
La particularidad de las ciudades argentinas, a diferencia por ejemplo de las de Japón o Holanda por nombrar solo dos, es que están distribuidas alrededor de un territorio muy vasto. Son más bien parecidas a las de países como Australia que ostenta un 89% de población urbana. También hay similitudes con los EEUU. Allí, Nueva York, la ciudad más grande de USA, tiene 8.5 millones de residentes en 0.008% del territorio y representa el 2.6% de la población total del país que es de 330 millones.
En Argentina, a esta estructura de extenso territorio con una macro área metropolitana y un puñado de ciudades medianas, se suman un número aproximado de 80 ciudades con entre 45000 y un millón de habitantes. Políticamente el territorio nacional se organiza en 24 provincias. A su vez para algunos usos se lo clasifica en cinco regiones: Centro, NEA, NOA, Cuyo y Patagonia. Finalmente, nuestra organización institucional cuenta con tres niveles de gobierno.
Qué problema debemos resolver?
Argentina enfrenta hoy el desafío de modernizarse. Este contexto de desequilibrio de sus ciudades, de la urgente necesidad de transformaciones sociales y económicas, sumado al creciente rol que las ciudades asumen como herramienta para la gobernabilidad mundial, conforman un momento ideal para repensar el rol de nuestras ciudades en el territorio. No ya exclusivamente por la necesidad de ser un país más federal, sino más bien para agilizar ese proceso de modernización e intentar alcanzar el ritmo de transformaciones que el mundo desarrollado está experimentando.
Las ventajas competitivas de la Argentina están en gran medida asociadas a la explotación sustentable de recursos naturales y al desarrollo de productos y servicios asociados que permitan a nuestra economía adquirir mayor complejidad. Se entiende por complejidad a cuan diversificada es la canasta de productos exportables de un país. Para dimensionarlo se desarrolló el Índice de Complejidad Económica (ECI)[1]. Está demostrado que cuando un país produce productos complejos como resultado de un alto número de productos, es considerado económicamente más desarrollado o puede esperarse que experimente rápido crecimiento económico en el futuro cercano. En 2015 los países con mayor nivel de complejidad fueron Japón, Suiza, Alemania, Corea y Austria. Argentina ocupó el lugar 69.
El logro de una cantidad de productos que permiten elaborar bienes más complejos demanda una diversidad de servicios anexos que contribuyen a aumentar esa complejidad. El transporte, la logística, los servicios, y el capital humano y social fortalecen las condiciones de producción y competitividad de la cual ya hablamos. Todo ello sumado a los beneficios intangibles que generan que el residente cuente con servicios educativos, culturales, vivienda, salud, transporte, entre otros servicios urbanos.
Qué ciudades
En función de lo expresado, Argentina está obligada a desarrollar una red de ciudades con calidad urbana de nivel mundial y altamente interconectadas por todos los medios disponibles. Sin descartar nuestra organización territorial política en torno a provincias ni las regiones geográficas, nuestra mirada debe focalizarse en detectar un número de ciudades nodo alrededor de las cuales puedan florecer también sus pueblos circundantes. La elegibilidad de las ciudades debería ser analizada a partir de:
- los recursos prexistentes tangibles o intangibles sobre los que se puede profundizar la competitividad o desarrollarla, y
- las ciudades actuales, a las que por su infraestructura disponible sería más eficiente mejorar sus condiciones urbanísticas y generar impacto y tasas de retorno en plazos menores.
Ésto, que durante el comienzo del siglo XX se concretó de manera más o menos natural, hoy necesitamos definirlo estratégicamente. Necesitamos una matriz que nos permita evaluar las condiciones y oportunidades de las ciudades actuales.
Mapeo general de ciudades
Los principales complejos productivos de Argentina en 2016 suman el 86% del valor exportado y en son, en orden de importancia: oleaginoso, cereales, automotriz, bovino, petrolero-petroquímico, frutihortícola, oro, pesquero, biodiesel, uva, maní, farmacéutico, cobre, aluminio, forestal, siderúrgico, tabacalero, ovino y algodonero. Por su relevancia agregaría también el turismo y energía. A su vez, a estos sectores debemos sumarle otros emergentes que revisten interés estratégico, o la producción de bienes y servicios asociados a los sectores arriba mencionados que tienen alto potencial de desarrollo. Estas actividades productivas es necesario cruzarlas con otros factores que influyen en la competitividad como lo son la infraestructura y logística que apoyan la producción. Por ejemplo, existen 14 ciudades portuarias y 38 ciudades con aeropuertos.
Del mismo modo debemos listar las ciudades por su infraestructura social: presencia de universidades, teatros y otros servicios de entretenimientos, centros de investigación, salud, hotelería y servicios asociados a las convenciones y congresos, entre otros que permitan en el menor tiempo posible crear una calidad urbana que fortalezca todos los factores asociados a la calidad de vida y competitividad y dar volumen al capital social que todo territorio urbano complejo requiere para florecer.
Cierre
Las ciudades nodo organizadas en torno a indicadores y estadísticas confiables permitirían diseñar políticas de crecimiento de manera ordenada y secuenciada. La norma ISO 37210 que mide la sustentabilidad integral de ciudades sería un buen comienzo. La disponibilidad de datos es también una herramienta fenomenal para la toma de decisiones en el sector privado por la posibilidad de contar con información prospectiva que permita mitigar riesgos para esa inversión. Es decir, una empresa que conozca cuánto va a crecer la población de una ciudad en los próximos 20 años podrá dimensionar escalas de negocios y planificar crecimiento sobre bases sólidas. Prever ordena el crecimiento y el desarrollo.
30 ciudades es un número aleatorio para diferenciarse de las 5 regiones o las 24 provincias. Podrían ser 27 o 45. Es una manera de enfocar la discusión en torno a las posibilidades que generan las ciudades como centros de desarrollo que a su vez multiplican sus efectos en una región. Argentina necesita un número importante de ciudades de entre 500 mil y un millón de residentes de alta calidad urbana que permitan desarrollar economías de escala. Este enfoque no implica volver a una metodología de planificación centralizada al modo de los años ´50 o ´60. Es más bien una herramienta para mejorar la competitividad de nuestras actividades y la calidad de vida los ciudadanos. Diseñar esa red de ciudades nodo es un ejercicio que puede brindar aún más contenido a la discusión sobre el federalismo y ayudar a enfocar a la Argentina en el contexto de transformación mundial en el que busca insertarse.
[1] El Índice de Complejidad Económica fue desarrollado por Cesar A. Hidalgo, del Media Lab del Massachussetts Institute of Technology y Ricardo Hausmann de la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard.
