Acerca de las discusiones y las relaciones
Anoche cenaba con mi enamorada en La Quinta Estación, uno de nuestros snack favoritos donde uno se puede sentar en barra junto a un abanico de posibilidades gastronómicas que a veces el vertió te deja confundido e indeciso acerca del plato que deseas servirte.
Como todas las veces, y es lo magnífico de Eliana, abordamos diferentes temas de conversación, sobre todo en la nueva noticia que le dio su mejor amiga, acaba de terminar con su enamorado. Por diferentes motivos, claro, pero me conto que discutieron en el carro y al final el mensaje era obvio, mas de diez años de relación lo tenían confundido al hombre ya que este no sabía si era costumbre o amor. Pero dentro de la vorágine de cosas que me contaba, me dijo que últimamente él afirmaba que ella siempre estaba con cara de pocos amigos cuando iba a visitarla y que ella decía que él no le prestaba atención a las cosas que ella precisaba importantes y una noche anterior la guerra estallaba con discusiones.
-¿Sabes por qué las parejas, los hermanos o, en forma más intensa, los esposos pelean más que los amigos? — le dije de un solo golpe.
-¿Por qué?- preguntó confundida.
-Porque pasan mucho tiempo juntos.
Fue una larga conversación.
Pero es cierto. Por default al comienzo de un vínculo cada persona muestra lo mejor de su repertorio y es lo normal. Sería ilógico que uno mismo se boicotee mostrando de una forma descarada todo el ramillete de defectos, este se condenaría al exilio social. Sin embargo, nadie puede tener el control completo de uno mismo y los defectillos, las pequeñas fracturas, poco a poco empiezan a aparecer en aquel concierto de virtudes que siempre tratamos de lucir y esto se da de forma más notoria cuando ocurren estancias en la cual tienes que compartir más tiempo con alguien. Trabajos grupales en la universidad, el viaje en patota, las amistades de la oficina o empezar a salir con alguien, todo esto da la grata oportunidad de ver a las personas en su salsa, su comportamiento en diferentes momentos, su desenvolvimiento en un abanico de circunstancias y muchas veces estos comportamientos no calzan con uno, no encajan y viceversa, muchas veces nuestras reacciones no cuajan en el resto. Es en este terreno donde se definen las relaciones sociales.
Yo también lo he sufrido muchas veces, por ejemplo con mi hermana a la cual adoro y con la que tenemos una estrecha relación de amistad y camaradería la cual era impermeable a cualquier mala vibra. Sin embargo, al aterrizar en Brasil con quince días por delante para conocer Sao Paulo y Río de Janeiro, algo colapsó entre los dos y los gritos, las discusiones ganaban la batalla. Para ella yo era demasiado lento al caminar y mirar la ciudad, que me demoraba demasiado en los museos y que tenía una santa paciencia para escoger los platos en los restaurantes. Para mí, ella era demasiado apresurada, el ajetreo de cada movimiento la torturaba y si no estábamos corriendo su mirada inquisidora estaba apurando los planes. Simplemente su presión no daba tregua y me dejaba malhumorado el no poder disfrutar con calma algunas cosas.
El último día en Sao Paulo le contamos todo esto a la tía Rita y ella nos dijo que era normal, que ella también habría sufrido este crack con su hija en sus vacaciones en Francia y que la situación era exasperante y era, básicamente, porque pasaban mucho tiempo juntas, algo que vuelve a confirmar mi observación acerca de las relaciones.
Al final de viaje mi hermana y yo resolvimos el acertijo: en Lima ambos nos veíamos muy poco en nuestro día a día, ambos estábamos ocupados en nuestras respectivas oficinas o en nuestras universidades y en las noches nos refugiábamos en su cuarto para morir de risa y conversar de largo y tendido.
Punto aparte.
Yo me atrevería a decir que este es un punto de inflexión en las relaciones. Cualquier relación destinada al fracaso cae en cuenta que nunca resolverá esta situación, por el contrario, cortarán palitos y cada cual a sus asuntos. Sin embargo, los vínculos más fértiles, más sólidos, son los que aceptan esas grietas y van superando esta suerte de crack con desafíos cada vez más ambiciosos. No es fácil, lo sé, por eso exactamente ahí radican el filtro más grande y más riguroso que discierne entre dejar entrar o no a las personas a nuestro extraño mundo.
Al final de esa noche pensé en todas las veces que había discutido con diferentes personas, muchas veces con gritos y furia, otras veces con resignación y fastidio. En todos los casos, después de esas peleas el filtro separó a algunas personas y otras no. Pregunta para la conciencia ¿Cuántos filtros me separaron a mí de otras personas?
