Del rol de ser botinera y de cosas en el ano

Hace unos días, salió a la luz el escándalo del triángulo Diego Latorre-Yanina Latorre-Natacha Jaitt. El conflicto consiste, básicamente, de unos mensajes provocativos que compartieron el reconocido jugador de fútbol y la modelo/actriz/figura del espectáculo, aquella que no es su esposa. Sin adentrarme en teorías conspirativas acerca de si el conflicto, los mensajes, o el video en cuestión, son verídicos o resultados de venganzas por conflictos posteriores, me interesa pensar acerca del rol que cumplen estos personajes y del conflicto en sí, en nuestra sociedad y sobre todo, qué representan, en un plano simbólico.

En primer lugar, podríamos caracterizar y estereotipar a los personajes principales del conflicto, basados en las condiciones específicas que tiene que tener cualquier pelea de chimento clásico argentino. Por un lado tenemos a Diego Latorre, un exjugador de fútbol, ahora periodista. Por el otro tenemos a Yanina, la esposa, una mujer que, desde su lugar de botinera privilegiada, le “dió” veintitrés años de su vida. No porque ella no tenga una profesión propia, (ya que la tuvo antes de convertirse en una mujer mediática) o no se haya constituido como una mujer reconocida del espectáculo, sino porque su rol de “la mujer de” la obliga hasta a ser considerada según él, hasta en el apellido. Según sus propias declaraciones, es una mujer que dejó su carrera profesional (incluído un titulo universitario que yace aburrido en una pila de papeles polvorienta) para acompañar a su marido en la noble profesión de ser jugador de fútbol.

Sin ir mas lejos, analicemos solo al pasar las características básicas de una botinera. Aclaro y especifíco que una botinera no es lo mismo que ser la esposa de un jugador de fútbol. Para ejemplificar con nombres que conozcamos todos, el lugar de la esposa podría estar ocupado por Antonella Racuzzo, que nos ha demostrado estar afuera de pertenecer al mundo mediático de “la mujer de”; y una botinera, que podría estar ejemplificada por (ya sé que lo pensaste) Wanda Nara. Una mujer, generalmente exhuberante de cuerpo o simplemente, atractiva, joven, lo suficientemente independiente como para “no dejarse cagar”, pero funcional a todo lo que pueda significar ser considerada un accesorio de su marido jugador. Sobre todo, la idea de tener en su poder a una “mina” codiciada por todos, y en definitiva convertirlo, hasta publicitariamente, en un macho hecho y derecho, en un ganador. Según la serie “Botineras”, que estuvo al aire por telefé en el año 2009, su retribución socialmente instaurada como clásica y razonable era: plata, fama, fortuna, toda las ropas y carteras que puedan soñar; ya que en definitiva: qué mas necesita una mujer.

Aunque las declaraciones de nuestra querida Wanda acerca de ser una botinera hecha y derecha sean, textualmente “aquella que por amor deja a sus seres queridos, arma sus valijas y se va, sin saber a dónde ni hasta cuándo”, y dicha frase nos pueda parecer inocente, cursi, la idea central del objetivo sigue siendo la misma. Acompañar, apoyar, contener, imponer las necesidades del otro por sobre las mias. Se ajusta bastante a las decisiones tomadas por Yanina en cuanto a su vida personal. Se encuentra en este momento con su honor de botinera, con toda una vida dedicada machacada por la vergüenza pública. ¿Representado por qué/quién? Una tercera en discordia. Abriendo la escena, Natacha.

¿Quién es Natacha Jaitt? El primer recuerdo que me viene a la mente es el correspondiente al hashtag que promovió hace unos años en twitter, #MartesDeTetas. La vedette no es lo que se dice una “chica tímida” sino que todo lo contrario, no tiene problema en ser todo lo libre que quiera con su cuerpo, y de estar todo lo cómoda que quiera con conversaciones acerca de sexo, de ser guarra, y de romper la idea de “señorita”. No me refiero a que de repente Natacha Jaitt sea una referente impresionante del movimiento feminista (y ya veremos que todo lo contrario), pero pertenece a esta hipocresía típica de la televisión argentina, la mujer que vive de su cuerpo, que ya no podrá ser respetada por mostrar sus atributos diariamente.

La realidad es que Yanina Latorre ya no representa un trofeo para su marido, sino que la reivindicacion de su papel de macho, de jugador y sobre todo de ganador se la da su nueva botinera: joven, mas firme y sobre todo, mejor predispuesta. El reflector luminoso se apuntó hacia unos mensajes muy claros, en los que Diego expresaba textualmente que ella (Jaitt) llevase a su encuentro un consolador, para que le pueda meter “la puntita”, en el ano. Inmediatamente después de que los chats se filtraran en cada recóndito lugar de la red, empezaron a surgir los chistes, memes, burlas, insultos y hasta amenazas hacia el jugador. ¿Por qué? Si tuviesemos que explicarlo, diríamos algo muy claro: porque que te metan algo en el culo, es de puto. Y si sos jugador de fútbol, no podes ser puto, por lo tanto, ningún elemento está permitido cerca de tu ano. El hecho de que al jugador le interese meterse cosas por ese agujero, opacó completamente la cuestión de que haya mantenido relaciones con una mujer que no es su esposa, y no precisamente porque la monogamia haya perdido credibilidad en el mundo del chimento.

Según Ernst Gräfenberg, el investigador alemán que descubrió el punto G y le da nombre, la postura ideal para estimular esa zona -y obtener la máxima excitación- era la penetración por detrás, como lo hacen todos los cuadrúpedos. Sin entrar en detalle, se ha demostrado mas de una vez que los organos sexuales tradicionales no son la unica forma de provocar placer, y mas aun, quizás la única fuente verdadera sea el ano. Con un poco de suerte, nuestro querido Diego ya lo descubrió. Los hombres aún se resisten a esta práctica por “temor a ser homosexuales”. Es tanta la exposición social a la que se enfrenta, que hasta la mujer con la que disfrutó el momento, no pierde la oportunidad de gastarlo, hacer chistes en las redes y promover el proceso de mandarlo al muere. Sacandose una foto con una cartel que reza “TODA”, Jaitt nos presenta una hipocresía hermosa.

¿Será porque Natacha sólo pretende más fama y fortuna como pseudo botinera, liberada hacia ella por los abogados de Latorre, o es solamente un eslabón mas del patriarcado que nos domina? A todo esto, Yanina aparece declarando en la televisión, como era de esperarse, robandole el foco al ano de su marido y colocandolo en la infidelidad. No sorprende la reacción de, ahora ex, mujer del jugador, de no querer volver a su lado, después de lo que le hizo: condenarla socialmente. En las últimas declaraciones de ella, sin embargo, aparece una frase clave: “Me decepciona la estupidez y perderle a alguien la admiración”. Otra vez, el marido en el pedestal, intachable, admirado, y la mujer debajo. Dócil, simple, sin reproche, como menciona ella después: “(…) Lo único que sé es que no lo voy a cuidar ni a proteger. Esta vez no, me cansé. Yo siempre fui muy sumisa, la típica chica rubia que esperaba en casa con la comida hecha”. Reforzando la postura anterior, no vemos a Yanina utilizando la situación para convertirse en una mujer empoderada, como quizás ella cree estar dando, sino reflexionando en que ella ya no será la mujer que él pretende que sea, porque lo fue, pero como manchó su honor, ya no lo será.

Como broche de oro de todos los conceptos expuestos, resuena y retumba la frase mas polémica de Yanina. “Él estaba concentrado para jugar el Boca River y yo perdí mi bebé a las dos de la mañana. Lo parí sola en la cama, lo junté y lo tiré en un tacho de basura y nunca le avisé hasta que terminó el Boca-River. Esa soy yo”. Esa es Yanina Latorre. No solo alguien que piensa que esa frase la pondrá en un papel de víctima incorrompible, que es el que está tomando frente a los medios chimentosos y sobre todo, a los abogados. Sino alguien que es capaz de reivindicar el rol de la botinera, que sufre, que vive, come, piensa por el otro, que puede barrer la dignidad y amontonarla en un rincón. Una mujer dispuesta a pensar que su papel de esposa diez, dispuesta a olvidarse su propia condición de persona, no merece la infidelidad y mucho menos, dedos en el culo.

La idea no es encontrar culpables, hacer juicios de valor acerca de vidas, decisiones o hechos. Es deconstruir los conceptos según cómo actúan los personajes principales de esta historia, en base al machismo generalizado que cada uno de ellos tiene en su interior, y en qué cantidad. Tampoco el fin es marcarlos como personalidades no deseadas, martirizarlos por sus comentarios o actitudes. No olvidemos que todos estamos bajo el velo de la sociedad patriarcal, cada uno a su manera. La idea es despertarse y sobre todo, prestar mas atención.

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