CONTRA EL MÉTODO

Recientemente fui invitado a una junta académica en donde se nos iba a plantear a los profesores, a modo de sugerencia, un procedimiento mínimo indispensable para la impartición del diseño arquitectónico, pues contentos los jerarcas de saber que no basta con transmitir conocimientos teóricos y, o, prácticos, hay que enseñarles el abc para alcanzar su dominio de manera certera. Es decir, que no basta con proporcionar la medicina a los enfermos, sino que ahora les darán la “receta” para que puedan conseguirla. Diseño por receta… ¿? De igual forma me pareció que algo no andaba muy bien tampoco y preferí abandonar bajo protesta. Indudablemente que la academia exige una estrategia, o método, para lograr sus cometidos de manera sistémica, pero el método que estos jerarcas lo intentan es a través de un solo método, que lo único que tiene de bueno, es “estar en boga”… se trata del método derivado de las eco-tecnias.

Trascribo a continuación el artículo del arq. Alejandro Hernández, publicado en Arquine , el 13 de Enero del 2016, pues describe en síntesis lo que quiero decirles sobre “el Método”… especialmente en cuanto a la arquitectura le toca, y cuando quiere restringirse a uno, o unos cuantos.

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“Casado y divorciado tres veces, Feyerabend no tiene hijos y vive en la cima de las colinas de Berkeley casi recluido con sus libros y un cartel de dos metros de altura de King Kong.” Así lo describe William J. Broad en un ensayo publicado en el número de noviembre de 1979 de la revista Science, y titulado Paul Feyerabend: Science and the Anarchist. Paul Feyerabend nació en Viena el 13 de enero de 1924 y, tras la Segunda Guerra, estudió primero historia y sociología para luego cambiarse a estudiar física y terminar estudiando filosofía y convirtiéndose en un filósofo de la ciencia. Una de sus tareas centrales fue estudiar cómo funciona el método científico o, más bien, demostrar que no hay tal cosa como el método científico, uno solo, lineal, absolutamente racional y transparente a quienes lo estudian. El libro en el que plantea lo básico de sus ideas se publicó originalmente en inglés en 1975 con el título Against Method, aunque la introducción abre con un epígrafe de Bertold Brecht en alemán que dice más o menos: “en la actualidad hay sobre todo orden donde no hay nada. Es un síndrome de deficiencia.” Tras la cita de Brecht, la primera frase del libro de Feyerabend dice que “la ciencia es una empresa esencialmente anarquista: el anarquismo teórico es más humanista y más adecuado para estimular el progreso que sus alternativas basadas en la ley y el orden.” Para Feyerabend, la ciencia está más cerca de las artes o de las humanidades de lo que se piensa: el conocimiento se acumula de una manera intuitiva y, por tanto, la razón científica es parte de tradiciones más amplias a la ciencia: tradiciones sociales e instituciones y sus resultados se evalúan “según los resultados que produzcan en las tradiciones más amplias, es decir, políticamente.”
Feyerabend insiste en que el o, más bien, los procedimientos mediante los cuales la ciencia opera no siguen “un método que contenga principios firmes, inalterables y absolutamente obligatorios,” sino más bien al contrario. Siguiendo la analogía que quiere ver en el científico — como en el artista — una curiosidad que no se ha adormecido y mantiene la intensidad propia de la curiosidad del niño, la pregunta constante del científico — como la del artista — sería ¿qué pasa si…? De ahí el lema que es el estandarte del pensamiento de Feyerabend en relación a la ciencia: anything goes, todo se vale.
Se han dado distintas interpretaciones al anything goes de Feyerabend. Denise Russell resume algunas. Hay quien dice que supone un pluralismo metodológico: cualquier método que parezca apropiado puede utilizarse, lo que implica una “nueva concepción de la racionalidad: si el conocimiento debe crecer, debemos ser más flexibles, imaginativos e innovadores que lo que permiten los métodos convencionales.” Otros dicen que anything goes implica que las metodologías deben guiarse por la práctica y unos más que cualquier regla metodológica es inútil. Así, tal vez, en el contra el método debe subrayarse sobre todo el singular. Ningún método singular contiene él mismo las reglas para probar y descartar sus prejuicios, eso “no podemos descubrirlo desde dentro, necesitamos de un criterio externo de crítica.” Feyerabend también dice:
El conocimiento no consiste en una serie de teorías autoconsistentes que tienden a converger en una perspectiva ideal: no consiste en un acercamiento gradual hacia la verdad. Por el contrario, el conocimiento es un océano, siempre en aumento, de alternativas incompatibles entre sí (y tal vez inconmensurables.)
Los cambios y las modificaciones en las conjeturas científicas que hacemos del mundo, agrega, no dependen “de un ente místico llamado «realidad objetiva,» sino de auténticas relaciones entre las personas y las cosas. Dependen de los colegas, la financiación, las restricciones económicas” y muchas otras cosas, incluyendo la política.
La idea del método o, más bien, de la pluralidad de métodos que argumentó Feyerabend para la ciencia, ¿tiene algún efecto al pensar en métodos de diseño? Sin duda, sobre todo si aquél planteó que la ciencia no es en eso muy distinta al proceder de las artes y las humanidades. En ese sentido resulta interesante que el diseñador John Chris Jones, nacido tres años después de Feyerabend en Gales y autor de los libros Design Methods y Designing Design, y quien también habla de una pluralidad o diversidad de métodos en contra de el método singular, haya escogido como epígrafe a ese último libro el párrafo de Hannah Arendt en La condición humana donde habla de “la pluralidad humana,” como condición básica de la acción y del discurso” y, por tanto, de la política. Desde la perspectiva del anarquismo epistemológico de Feyerabend, pues, estas contra el método puede entenderse como una apuesta por la pluralidad que no olvida la condición política y del diálogo.
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