Ana.
Llego al punto en que no sabe si fue verdad que le dijo que le gustaba, no sabe si él también le respondió, cree que lo olvido, es buena reprimiendo lo que me duele.
¿Porqué si le dijo a alguien lo que sentía se siente sola? Dicen que no tiene que ser así. Le dijo que le gustaba por lo poco que sabía de él y porque si sabe más de él puede ser que lo odie o lo termine amando. Se encuentra en un enigma difícil de resolver. Cree que cometió un error al demostrar sus sentimientos porque la que dijo sentir algo no fue ella, bueno en realidad sí, pero es algo confuso. Lo que quiero decir es que no fue la de siempre, fue la que se esconde para que no la lastimen. Esa absurda le dijo que lo quería, a lo que él le contestó que él también, por lo que es. Esa no es ella, ella por atrevida se llevó el crédito. Al escuchar eso se volvió un estallido de emociones, felicidad, deseo, desesperación y amor.
Ya no era la de siempre, la imagen, la amarga y solitaria. De la que él se enamoró. Está vez ella era hermética, aveces feliz, aveces un baño de lágrimas. Decía cosas totalmente esotéricas, él no la entendía. No era la misma aburrida, intratable, que con él era una mezcla de inocencia y seguridad.
Esa imagen, se preguntaba si todo esto era necesario para no tener que ocuparse de la que se escondía, para no escucharla. Que si de verdad tenía que estar con él para olvidarse de lo que la afectaba, de ese cúmulo de pensamientos suicidas, de esas ganas de llorar y de reír. A lo que la ella escondida le decía que sí, que él era su soporte, que no podría seguir sin él. A lo que era la imagen, la máscara, lo que todos veían y lograba catalogarla como normal demostrando un rostro silencioso, se preguntaba que si sus propios pensamientos la estaban volviendo loca, ya no era ella.
No entendía, porque no estaba acostumbrada a explotar sus emociones, como lo hacía la que se escondía, ella era tranquila todos la conocían así. Él al verla así de desgastada por sus emociones incontrolables, huyó. Le dijo que ya no la conocía y se fue. La que se escondía dependiente de las demás personas se desesperó, no supo que hacer, gritaba, supo lo que se sentía la soledad, quería rogar, se hundió en sus propias lágrimas. La imagen, estaba acostumbrada a todo eso.
Por eso cuando la vi, su rostro estaba serio, no mostraba emociones, era seria. Pero por dentro, pensé: Está gritando, está dolida, sus emociones estallan y lloran, siente culpa, pensaba en el suicidio, no descansa, era claro, tenía depresión.
Ana fue diagnosticada con depresión severa, fueron muchas las variantes que acabaron con ella, pero la causa inmediata fue la pérdida.
Muchos dicen que la depresión es la necesidad de llamar la atención, no es así, ya ese es otro tema, es una enfermedad diagnosticada y existente, que se debe a cambios químicos en cerebro que puede juntarse con algún evento doloroso o estresante.
Ana se cuestionaba porqué lloraba, porqué sufría tanto, si lo normal para ella era ser tranquila. Se avergonzaba de tener que pedir ayuda porque no soportaba el dolor, que poco a poco la estaba matando.
Fue tratada y hoy está mejor, quizás una que otra vez padece de una crisis, pero leve.