Ese es el desafío de corazón a corazón entre Él y yo

MUC Paraguay
Jan 26, 2018 · 7 min read

Melanie Wenger

— Ese es el desafío de corazón a corazón entre Él y yo — me dijo — . Sentir que no puedo más, y entregarme para que sea Él quien pueda por mí.

Hasta ahora me acuerdo de la fecha de ese día, fue el 25 de marzo del año pasado, y de verdad no sé si era el consejo que estaba esperando en ese momento, pero decidí igual guardarlo confiando en que en algún momento podía llegar a tener sentido.

Yo nunca le tuve miedo a sentirme débil, pero siempre le tuve terror a no saber qué hacer con mi debilidad, y si algo tuve que afrontar en el 2017 fue eso: el aprender a agarrar todo lo que me hacía pequeña y entregárselo a Dios con todas mis fuerzas.

Yo sé que el camino del misionero no es todo el tiempo igual, por momentos es fácil, como ese domingo de pascua donde tanto amor y paz te rodean que el alma se siente en el cielo, y en otros se vuelve difícil, cuando la vida nos pone a prueba y desafía la fe.

Siempre amé la previa a las misiones, es como que tu corazón todos los días late un poquitito más de la emoción porque sabe que está a punto de inundarse de amor. Pero esta última vez fue diferente… costó un poco más ya que muchas razones distintas, me llevaron a un mismo resultado: sumirme en mis debilidades.

Como dije nunca tuve miedo a sentirme débil porque sé que es parte del ser humanos e imperfectos, pero sí hay algo que me cuesta es esa acción de agarrar mis miserias y direccionarlas hacia algo que me haga sentir mejor, ya que siempre esto me supera por completo.

Al principio me tranquilizaba pensando que todavía faltaba mucho, pero sin darme cuenta 100 días de espera se volvieron 80, luego 50, y despues ya estabamos a solo 30 dias “de los mejores 7 días del año”. Y lo único que podía pensar era “no puedo dejar que esto afecte a las misiones”

Asumo mi error, yo decidi vivirlo sola, soy una persona muy reservada y no saber expresar mis sentimientos a los demás es probablemente mi peor defecto, y sin dudas, si pudiese volver unos meses atras me daria el consejo de haber hablado con alguien sobre todo lo que me estaba pasando.

Pero no lo hice, y así llegó el martes 4 de abril. Faltaba solo una semana para las misiones, y las cosas dentro de mi propia espiritualidad no estaban para nada bien. Tenía todavía en la cabeza el consejo de mi amiga sobre el desafío de corazon a corazon, pero había algo que me atajaba a entregarme al cien por ciento, y eran mis miedos.

Muchos probablemente no se dieron cuenta, pero las misiones del año pasado se enfocaron en descubrir a Dios como Padre, de esos que educan, forman y guían a sus hijos. Y ese día, sin siquiera todavía estar propiamente en las misiones, yo ya lo descubrí por completo.

Esa noche, terminada una reunión con mi familia misionera se acerca mi papá y me pregunta ¿qué tal estás?, confieso que en el momento no me pareció muy raro, somos amigos hace mucho tiempo y no es algo fuera de lo común, pero sí tengo que aceptar que fue la pregunta perfecta, en el momento perfecto.

Decidí hablarle ¿qué podía perder? no recuerdo mucho cuanto tiempo le hable, ni que específicamente le dije, pero sí que le conté sobre mis debilidades, de cuanto me parecia que Dios había confiado demasiado en mi y por sobre todo cuan imposible era lo que me estaba pidiendo en ese momento. Lo único que recuerdo es haberle dicho “yo no puedo hacer esto, es mucho más de lo que hoy puedo dar”.

Pasaron los minutos y una vez que terminé de hablar me sentí más libre, pero realmente no tenia idea de la respuesta que iba a recibir ¿nunca les paso que se ponen nerviosos y les parece que hablan de más y sus mentes empiezan a crear mil escenarios distintos por segundo? sinceramente ya estaba por morir de los nervios cuando con una voz totalmente convencida de lo que iba a decirme empieza a decir “yo no entiendo por qué actúas como si todo esto dependiese de vos y no de Dios”.

La verdad creo que siguió hablando más, pero tengo que confesar que mucho no le escuche, esa frase me impactó tanto el corazón que con mi mirada fija en un mismo punto fui repitiéndola en mi mente una y otra vez sin parar.

Despues de eso pasó la semana, y el Martes Santo había llegado. Sí, ya no tenia tantas cosas en la cabeza porque definitivamente aquel “reto” había tenido sus frutos, pero de igual forma seguía bastante sumida en mi cabeza.

Pero los días fueron pasando, y con cada desafío, acierto y momento podía darme cuenta de que realmente las cosas no estaban en mis manos, y todo eso por lo que tanto me habia preocupado hasta casi ya ni existía porque Él se encargaba de arreglarlo todo, y mostrarme los caminos, a cambio de mi sí a ser un instrumento para que Él pueda llegar a sus hijos.

Y así todo pasó, hasta que llegó el Viernes Santo (aunque no recuerdo bien si fue ese dia o el sábado) y aun a pesar del cansancio extremo que sentía decidí ir a la capilla un rato a estar con Él junto con todas esas experiencias que había vivido durante el tiempo misionando.

Cuando entré, estábamos Él y yo, solos, en compañía uno del otro para hablar corazón a corazón como nos debíamos.

Decidí sentarme muy cerca y frente a Él. Generalmente nunca lo hago porque no quiero tapar la vista de las otras personas, pero esta vez sentía que le debía una explicación, una disculpa, una razón para todo lo que decidí desconfiar de Él.

Estuve ahí dentro durante un buen tiempo, y no creo poder llegar a explicar lo fuerte que sentí ese abrazo que el Padre Misericordioso da a su hijo que vuelve después del error.

Le conté todo, y no porque Él ya no lo haya sabido, sino porque sabía que Él necesitaba escucharlo con mi propia voz. Con cada vez que le volvía a pedir perdón sentía como me iba sanando y poco a poco el silencio interior iba volviendo a mí. Me estaba sanado frente al Santísimo, y no tenia una sola duda de ello, porque lo loco de la oración es que unicamente a medida que uno la va haciendo puede darse cuenta del poder curativo que tiene.

Yo solo tenia palabras para agradecerle por una vez más estar ahí, había llegado a la meta, y mi debilidad no me habia ganado. Seguia dando las gracias sin cansarme, cuando de repente siento que alguien se sienta a mi lado, literalmente pegandose a mí. En ese momento pienso que podía ser uno de mis hermanos o mis papas, ya que con la cabeza pegada a las rodillas y los ojos casi cerrados solo veía el color del jean, pero no distinguía si era hombre o mujer.

Sentí curiosidad, pero era tanto el “hallo” que arriesgarme a perderlo solo por saber quien era no valía la pena, por lo que decido seguir así, dejandome abrazar y poco a poco sentir como mi corazón iba entendiendo que la meta en realidad era llegar a dar mi vida por esta misión, y no ganarle a mis debilidades o a mí misma.

Mi versículo favorito es Mateo 11, 26, en el que Jesús ora a Dios diciéndole “gracias Padre, porque así te ha parecido bien”, y yo por fin lo había entendido todo, y al fin todo ese camino me parecía bien.

Fue en ese momento como pareciendo una casualidad (que en realidad sabemos es parte de las causalidades del cielo) que la persona que estaba a mi lado se levanta, me da un abrazo, un beso en la cabeza y se va… Si me dejase guiar por mis pensamientos humanos podría decir nuevamente “fue uno de mis papas o mis hermanos”. Pero la verdad, mi corazón estaba tan plenamente convencido de saber quien fue, que las lágrimas empezaron a salir sin parar para curar a un corazón que se estaba dejando lastimar desde hacía demasiado tiempo.

Y hoy, cada vez que vuelvo a ese 25 de marzo en donde decidí hacerme una pequeña Maria y guardar en mi corazón todo lo que no entendía, la piel de gallina me domina y vuelvo a enamorarme de mi caminar misionero, ese que no solamente dura seis días al año, sino que me va formando cada día, mostrándome que mi vida entera es una misión.

Dios me presento mis debilidades como un desafío para probarle mi sí, Dios me explico que absolutamente nada de esto dependía de mi además de entregarme por completo, Dios me mostró como todos mis miedos no existen al lado de Su fuerza y poder, y Dios me recibió con un abrazo y un beso cuando decidí alejarme de mis miedos y volver.

Y así hoy, puedo realmente, y desde el fondo de mi corazón decir GRACIAS Padre, porque todo esto, lo bueno, lo malo, lo difícil y lo fácil, todo esto te ha parecido bien… Y yo soy feliz con eso.

    MUC Paraguay

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