Una noche de estrellas, el ruido del mar. A lo lejos, una guitarra sonando y un fuego prendido en la arena. Dos amigos que se alejan riendo.

Cosquillas que recorren todo el cuerpo, miradas profundas, de esas que esconden algo, una palabra, dos palabras y después, silencio. Ese silencio profundo, el silencio de los besos.

-¿Cuál es tu canción favorita?- le preguntó.

-¿Por qué hablamos?- le dijo ella. Y no usamos ese tiempo en darnos besos…

Ese beso que te enciende todo el cuerpo, que te quema por dentro, que te afloja las piernas, que te hace volar. Que resulta, resume todo lo que esperaste, siempre.

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