EDUCAR SANO, CRECER FELIZ: I PARTE.

Los niños no nacen con un manual bajo el brazo y probablemente la educación sea una de las tareas más difíciles a las que madres y padres se enfrentan cada día. Por este motivo nos ocuparemos en los siguientes artículos de hablarte sobre los estilos educativos, para que conozcas pros y contras de los distintos modos de educar. Cada niño tiene su carácter, pero no debemos olvidar que en parte, su comportamiento estará condicionado por el de los adultos, es decir, el modo en que eduquemos a nuestro hijo influirá directamente en su conducta, su percepción del mundo y sus emociones.

Por estilo educativo entendemos la forma de actuar de los adultos respecto a los hijos ante situaciones cotidianas, toma de decisiones o resolución de conflictos. Nuestro estilo educativo estará condicionado por la educación que hemos recibido y por cómo interpretamos y gestionamos el comportamiento de nuestros hijos. Puede ocurrir que actuemos por mecanismos de compensación, es decir, cómo no me dejaban hacer nada voy a permitirles a mis hijos hacer de todo. O puedo imitar el modelo educativo recibido porque es el que conozco, por ejemplo, como yo dormía con mi madre mis hijos duermen conmigo.

A menudo veo en mi consulta cómo se transforman problemas de comportamiento en los menores, en comportamientos más adecuados y sanos con la ayuda de los padres y centrando el trabajo en construir estilos educativos adecuados.

Hoy te hablaremos del ESTILO PERMISIVO y sus riesgos.

El estilo permisivo se caracteriza por la ausencia de un modelo educativo, ausencia de normas y límites. La tendencia es permitir que el niño haga lo que quiera o se salga siempre con la suya por pena, porque pensamos que no entiende, porque es muy pequeño, para que no llore…, con lo cual hay una falta de normas o en el caso de que existan no se aplican. Existe una falta determinación por parte del adulto, le decimos al niño lo que tiene que hacer pero no sabemos o no somos capaces de hacer que lo haga. No hay rutinas ni se crean hábitos; no se establece una hora para dormir, comer o hacer los deberes, con lo cual todo dependerá directamente de las necesidades del niño, si quiere o no quiere hacer una determinada cosa; el niño no quiere irse a la cama, no le gusta esa comida, no quiere dormir solo….

¿Qué consecuencias puede tener este modo de educar para mi hijo?

Educar de esta manera podría tener consecuencias negativas para el menor. La ausencia de límites crea inseguridad en el niño, además de no permitirles desarrollar la tolerancia a la frustración, es decir, les será difícil tolerar un “no” porque se les permite a menudo hacer lo que desean en cada momento. Podrá sentir insatisfacción y desinterés por lo que le rodea porque obtiene las cosas fácilmente, sin esfuerzo, con lo que también podría repercutir en su rendimiento escolar porque no querrá esforzarse. Probablemente evitará los conflictos o no sabrá gestionarlos, tenderá a delegar sus responsabilidades en los demás y no obedecerá porque no habrá aprendido a cumplir y respetar las normas.

En los siguientes artículos seguiremos afrontando los distintos estilos educativos ya que educar de manera adecuada es fundamental para el desarrollo y crecimiento sano de nuestros hijos.