Los caballeros no dedican canciones.

Cuando la tristeza golpea a la puerta de uno, usualmente no solo golpea, ella entra en la habitación, se sienta cómodamente en el sillón más amplio que pueda encontrar, se prende un cigarro y se sirve una copa de vino, mientras se pone a observar.

Te observa con una mirada que es imposible ignorar, una mirada que se impregna en la piel y en los sentidos.

Mientras ella, la tristeza, realiza su observación detallada… se enfoca en aquello que ingenuamente el amante enamorado utiliza para abrigarse, es decir, el intercambio de canciones que realizan los amantes y las sensaciones que estas le provocan a cada uno.

Esas sensaciones que anteriormente fueron estimuladas y provocadas por la persona amada.

El peor de los estímulos vendría siendo el auditivo.

Resulta que cuando se esta enamorado, estúpidamente uno se deja ilusionar con detalles, tales como memorias, recuerdos y el verdugo mas implacable de todos los tiempos:

la dedicada de canciones!

Conforme la tristeza se va apoderando del salón, se empodera y acapara cada uno de los recuerdos y es entonces cuando aquella vieja canción que suena en la radio del vecino llega como un torbellino a destruir la poca reparación que día a día uno comienza a tratar de edificar.

Dedicar canciones, no es de caballeros…

Los caballeros, (según la historia relata) eran estos valientes que salían al campo de batalla con una armadura poco segura diseñada tal vez por un herrero, una espada forjada al calor de la brazas y un corcel.

Estos caballeros tenían como función proteger reinos, escudar reinas, defender pueblos… mucho difiere de la pobre imitación de seres humanos que hoy en día se disfrazan bajo la caballerosidad para ir rompiendo ilusiones, para ir dañando todo a su paso y para destruir canciones.

Un caballero lejos estaba de dedicar canciones que otros mucho más letrados que ellos escribían, de ser el caso los caballeros componían sus tonadas… pobres, absurdas y ridículas para los oídos de los otros que no podían interpretar emociones desde aquellos canticos que lejos de ser románticos, se disponían a cortejar INDIVIDUALMENTE a una persona.

Un caballero… un caballero…

Los caballeros no dedican canciones, no dañan con sus infames deseos lujuriosos y perversos, canciones que podrían formar parte de la rutina de la persona a la cual se anhelaba, generando ese sentimiento tan obscuro como lo es la tristeza.

Ay, la tristeza!

Un caballero no dedica canciones… las compone, las interpreta y las obsequia.

Los caballeros no dedican canciones.

Quienes dedican canciones son los tiranos que se disfrazan de caballeros, con el único fin de apaciguar sus deseos sin importar la invitación extendida a la tristeza que con sus acciones realizan.

Un caballero, un caballero… un caballero no dedica canciones.

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