Lo que esconde el mar esmeralda

Patrimonio, “palmerers”, artesanos y picudo se cuelan en la propuesta de la nueva Ley del Palmeral tras lustros de olvido

El mar del Palmeral al amanecer. Foto: Verónica Maciá

El sol se alza cada mañana sobre el océano de palmeras de Elche. Bajo su superficie se tejen miles de historias. El Palmeral está vivo, pero el mayor oasis de Europa necesita adaptarse a los tiempos que corren. Este jardín milenario ha sufrido en los últimos 30 años más impactos que en toda su existencia. Desde que la Ley del Palmeral se promulgó en 1986 nuevos acontecimientos han hecho que quede obsoleta y necesite un cambio urgente. El Patronato del Palmeral y el Ayuntamiento de Elche ultiman los trabajos para enviar a la Consellería de Cultura un proyecto flexible que dé cabida a todas las sensibilidades propias de algo que, más que una atracción turística, es una forma de vida.

Para un ilicitano el Palmeral forma parte de su vida, pero es en el año 2000 cuando entró en la Historia con mayúsculas. La Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad gracias al excelente trabajo capitaneado por el CEU San Pablo de Elche y encargado por la Dirección General de Patrimonio Artístico y la Consellería de Cultura. Conocer a fondo el Palmeral exige mucho. Hay que patearlo, caminar por él con sol y con lluvia, admirar su sistema de riego, ver como un “palmerer” trepa ágil por un tronco. La ruta del palmeral no es únicamente la que publicita el ayuntamiento. Solo en el casco urbano hay 93 huertos privados y públicos que pueden ser visitados en su mayoría y la ruta de las palmeras singulares incluye 19 ejemplares especialmente atractivos de entre las 141 censadas Entre ellas la Palmera Imperial del Huerto del Cura, la “Pipa” de Sempere o la famosa “Golondrina” del Parque Municipal, la más alta de la ciudad, que desgraciadamente se ha secado.

Al adentrarte en los huertos es cuando se empieza a sentir su latido. Palmeras datileras o de otra especie, la hiedra que recubre los troncos, los hermosos jardines como el Huerto del Cura o el Parque Municipal, especialmente bien cuidado. Pero también aparece su lado más oscuro. Maleza que impide el acceso, bancales sin labrar, señalización rota o desaparecida y el último visitante que, al parecer, ha venido para quedarse: el picudo. Su nombre espanta a todo el que vive de la palma y se considera el verdadero problema que podría acabar con un oasis creado por los primeros musulmanes que llegaron a la ciudad.

La experiencia diaria de quien está a “pie de palma”

Miguel Ángel Sánchez, preside la Asociación de Palmereros, Apelx, que agrupa a un tercio de todos los profesionales que se dedican a podar y cuidar la palmera de forma tradicional en España. Se queja de que el ayuntamiento solo tiene seis funcionarios homologados para ejercer de “palmerers” y que con ese número es imposible mantener los huertos en condiciones.

“El último censo de palmeras las cifra en 86.000, número excesivo para solo seis especialistas”

Sánchez sugiere soluciones para conservar las palmeras y desde su asociación se valoraría como positivo que el ayuntamiento ofertara en alquiler huertos que no puede atender por falta de medios. A cambio de su explotación el arrendatario se comprometería a cuidarlo y permitir que se visite. Hay que destacar que actualmente no se puede producir palma blanca en los huertos urbanos, antaño una de las principales fuentes de ingreso de la palmera.

En el casco urbano todavía quedan huertos en los que viven ilicitanos que lo consideran un privilegio. Una familia que reside en una casa cercana al jardín del Huerto del Cura conserva su oasis particular en condiciones envidiables. Lo considera un deber pero también un placer inigualable. Vivir entre palmeras es algo que en pocas partes del mundo se puede hacer. Otro propietario de huerto, éste a un escaso kilómetro del centro, comparte la sensación de no cambiar por nada el amanecer viendo las palmas agitadas por el viento, pero se queja de que sus lindes, responsabilidad del ayuntamiento, no están precisamente en condiciones óptimas y “el picudo no distingue entre privado y público”. Los particulares llevan a cabo tratamientos insecticidas contra esta plaga temible, pero coinciden en que si el ayuntamiento no las realiza con la misma intensidad se pueden ver afectados.

Las palmeras y su protección legal (y su situación real)

El Decreto 133/1986 desarrolla la ley que regula la tutela del palmeral creando el Patronato del Palmeral de Elche. Maite Ruiz, ingeniera técnica responsable del mismo, defiende la labor que desde esta institución dependiente de la Consellería de Cultura se realiza principalmente en la inspección de palmeras, concesión de licencias y tratamiento y prevención del picudo rojo o cualquier otra plaga que pudiera aparecer, labores todas ellas imprescindibles para protegerlo. La limpieza y conservación es competencia del ayuntamiento.

Antonio V. García, concejal del palmeral, afirma que en los trabajos de la comisión creada para el proyecto de la nueva Ley del Palmeral, han escuchado todas las voces de los implicados, aunque matiza que se trata solo de una “comisión técnica”. Añade que se pretenden solventar los vacíos de la de 1986, que no contemplaba muchas singularidades de los huertos por haberse producido con posterioridad a ese año. Lo cierto es que los miembros de Apelx han asistido a las reuniones, pero sin voz ni voto y los particulares tampoco se han sentido incluidos en los trabajos desarrollados desde el ayuntamiento. El concejal defiende su actuación diciendo que ya podrán hablar en el periodo de alegaciones. En cuanto al mantenimiento, García reconoce que se ha mejorado pero hay otras prioridades como que la gente llegue a fin de mes.

“En los huertos situados en la periferia del centro no hay alumbrado y se hace botellón, lo que provoca un problema en el mantenimiento”
Aspecto de abandono del Hort dels Molins, un huerto alejado del centro. Foto: Verónica Maciá

Frente a los innumerables problemas que nuestros huertos presentan, está el hombre que lucha con ellos, el hombre que los patea diariamente con el deseo de que este Patrimonio de la Humanidad, conseguido con el esfuerzo de tantos, se mantenga inalterable durante al menos mil años más para que aquel que muchas veces solo lo ve de lejos siga orgulloso.

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