Mi Luna

No es una manera extraordinaria de viajar, tampoco es una nueva experiencia, pero como suele ser en mi vida, tiendo a percibir más los pequeños detalles en esos momentos de inseguridad, tristeza, confusión… En fin, creo que mi amor por Mi Luna volvió. Han pasado ya 6 años desde la última vez en que Mi Luna compartió conmigo una noche, que me permitió compartirla con ella. Son años en que he olvidado voltear a verla, tener la delicadeza de apreciarla y con una mirada esperar que sienta el amor que tengo por ella. Pero era de esperarse, con una vida en la que intento no pensar, no apreciar las cosas, no envolver sentimientos, vivir al día, cumplir con las actividades, levantarme, tomar una ducha, desayunar, ir a clases, ver personas, intentar no involucrarme, seguir la corriente, comer, estudiar, dormir. ¿Cómo en vida tan ocupada esperaba darme el tiempo de alzar la cabeza y verla? Es repugnante pensar en haberla hecho a un lado, ella, Mi Luna, la que me hizo compañía en tantas noches de melancolía, que me vio llorar, suspirar, reír, sollozar, estuvo cuando nadie podía ofrecerme calidez, Mi Luna, la que lleno el vacío que mi corazón tenía, ese vacío que no quería reconocer, que me sostuvo cual madre sostiene a su cría y no me dejo caer. Mi Luna, la única que me dio luz en mis momentos más oscuros y fuerza en mis momentos de debilidad. Me asomo por esta pequeña ventanilla, intentando desvanecer pensamientos absurdos que inundan mi mente, intentando ignorar los sentimientos que me acongojan y no logro expresar, sin querer, sin intención, la veo, perfecta, blanca, más brillante de lo que pude apreciar jamás, tengo que admitir el privilegio de poder verla desde aquí, la sensación es diferente, la siento mas cerca, mas mía. La veo, fijamente, me pierdo en ella, no lo puedo evitar, tenerla de frente penetrando en lo más profundo de mi alma. El amor por Mi Luna nunca se fue, estuvo siempre, escondido, olvidado, pero nunca se fue, no se irá.

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