De cómo y por qué me convertí en viajera

Desconozco hace cuánto tiempo estás prometiéndote y anunciando al mundo que vas a salir a cumplir tu sueño. Lo que sí sé muy bien es que a mi me tomó el tiempo suficiente para llegar a ahogarme por dentro: sabía que había algo que excedía la rutina diaria pero que, para encontrar ese “algo”, debía hacer algo diferente, debía salir de la famosa e innumerables veces nombrada “zona de confort” que vendría a ser ese lugar donde estamos seguros, donde tenemos ingresos, tiempo ordenado, títulos, bienes, servicios. Todo lo necesario (y un poquito más) para tener un buen pasar. Pero siempre anhelamos más, siempre queremos sumar (un nuevo modelo, un televisor más grande, una casa mejor ubicada) sin darnos cuenta que nos estamos restando. Nos restamos tiempo de calidad y, por ende, nos restamos vida.

-Los invito a ponerse cómodos porque pasaremos un buen rato juntos. ¿Ya tienen su mate o café ahí con ustedes?

¿Ser o nacer?

Al alma lo tuve aventurero desde siempre: empezando por la colonia de vacaciones, mi primer campamento a los ocho años, viajar para ser parte de distintas ferias de ciencias, congresos juveniles de movimientos cristianos, etcétera. Cuando cumplí 15 no quise fiesta, preferí viajar y ahí llegué por primera vez a Estados Unidos: 23 horas duró el viaje, era Nochebuena y todos los aviones tuvieron retrasos y complicaciones. A los 17 me mudé de Mendoza a Córdoba para estudiar Psicología, duré nueve meses y volví moqueando a casa. Estudié Comunicación Social en San Rafael, (Mendoza); la carrera de tres años la hice en cinco porque me dediqué más a trabajar que a rendir materias, pero terminé. En ese lapso volví a EEUU dos veces más, a ver a mis tías y a sus familias. Intenté radicarme acá en el 2011 pero no, no es mi lugar en el mundo y volví a Argentina. Seguí trabajando, conocí Brasil, Chile, Paraguay y casi todo el norte argentino. Recorrer el sur, en carpa, es un GRAN pendiente. (Lo digo por acá para que mi mamá lo lea y se vaya haciendo la idea). Los últimos tres años trabajé bastante y en diversos puestos creativos y educativos. En el 2014, inicié la Licenciatura en Producción de Medios, la dejé y volví a viajar, esta vez sin tiempo.

Disparadores e inocentes motivadores

¡Fueron unmontón! No recuerdo en qué orden se dieron pero hubo un libro clave “La geografía de la felicidad”, escrito por Erin Weiner que estuvo juntando polvo en la biblioteca hasta que lo retomé este año y fue un efervescente mental. En el 2013, conocí a Andrés Fluxa, un santafesino que recorre el mundo en bicicleta. Pasó por Bowen, lo entrevisté y cenamos varenikes (comida ucraniana) en casa. Actualmente él recorre Europa junto a su novia francesa.

Una madrugada me crucé con “Tinta Fresca: Carta a mi mismo cuando tenía 20 años”, de Cristian Cambronero A. Otro día desemboqué en www.anikovillalba.com y una corriente me cruzó el cuerpo; el 5 de mayo pasado me emocioné cuando leí que Milton Vieyra (www.quelapaseslindo.com.ar) publicó “¿Viste que todos nos queremos ir a la goma siempre? Bueno, la cuestión es: renuncié y mañana mismo me voy de viaje por Europa” y quise hacer lo mismo. También hubo películas inspiradoras pero “la más más” fue Wild. Y también este video. Me sumé a muchos grupos viajeros en Facebook pero sigo especialmente a La Comunidad Viajera. Otra linda para recomendar es Natalia Sarro y su energía puesta en Inspiramundo.

A todo eso, debo añadir el malestar diario de no tener el alma contenta y, peor aún, el estar haciendo nada por mejorarla. Tantas personas frustradas, tanto afán diario y un trabajo en el que fui contratada como productora audiovisual en el que padecí horrores, pero me ayudó a juntar el dinero para, impulsivamente, comprar el pasaje que me traería a Nueva York diez semanas después de haber cruzado el centro de Bowen, mi pueblo de origen, en la “Cleta, mi bici violeta” hacia el rapipago del pueblo y haber hecho la transferencia electrónica. No, no tengo tarjeta de crédito.

Ahorrar, renunciar, viajar.

Bien, ya tenía el pasaje comprado, ¿y ahora? Bueno, creo que ahí empezó la aventura.

Llegaron las primeras noches de insomnio, la ansiedad devastadora, el malestar y la preocupación de mis padres, el distanciamiento de algunos amigos, el acercamiento a otros y la gran pregunta: ¿cómo consigo dólares?

Hasta el 9 de agosto de 2015, día en el que viajé, para comprar un dólar por vía no legal se necesitaban 15 pesos argentinos. Se podía comprar la moneda de manera oficial pero de verdad que fue un dolor de cabeza tremendo lidiar con la AFIP, con su sistema funcionando aún en Internet Explorer, el desabastecimiento en los bancos y la mar en coche. Mis padres fueron incondicionales acompañando y ayudándome en esta parte del camino.

Fue tal la pena que nunca olvidaré la noche en la que le compré 500 dólares a un bowense. Llegué a su casa, ibamos a hacer la transacción y empecé a contar: uno, dos, tres… setenta y cinco billetes de cien pesos. Él me dijo “para mi es más fácil, mira: uno, dos tres, cuatro, cinco” y me pasó los sanitos verdes estadounidenses. Fue una diferencia triste y hasta dolorosa, pero necesaria.

Ilustración de Aldo Tonelli

Renuncié a los trabajos en los que estaba y de uno fui desvinculada porque le estaba poniendo cero ganas. Tan desganada andaba que, solita y poco a poco, me fui “dejando” sin trabajo. Hasta ese entonces fui redactora y editora de noticias en diarios digitales, guionista y productora audiovisual, y docente en las cátedras de Gestión y Planificación de Medios (carrera de Locución) y Proyecto Integrado (Diseño en Indumentaria), ambas materias orientadas a la formación de emprendedores motivados a la creación de sus propias fuentes de trabajo. Una piña al sistema que me encanta dar.

Con mucho esfuerzo logré/logramos reunir mil dólares que fue con lo que llegué el lunes 10 de agosto a NYC, más perdida que mi mamá en Facebook. El primer error cometido fue pagar tres noches en un hostel, lo cual significó 30% menos de presupuesto. Semanas atrás había solicitado hospedaje a través de CouchSurfing.com obteniendo un éxito de 0%, principalmente por no contar con referencias previas. (Recomendación: si van a viajar para meterse en la cultura del lugar, trabajen en su perfil y en sus contactos de CS con mucha anticipación). *A propósito, vendrá un post sobre el espíritu couchsurfero en breve.*

El día 4 en NYC, cuando ya no tenía lugar donde estar, pedí ayuda a mis contactos en Facebook y ahí entró en escena Vigie, una puertorriqueña/estadounidense que conocí hace años mientras ella vacacionaba en San Rafael y yo grababa un programa de TV. Ese día conversamos un ratito y por única vez pero guardamos el contacto en la red. Salió a mi rescate y no solo me cedió un cómodo sofá en su departamento, sin pedir nada a cambio, sino que me ayuda con contactos y actividades.

Llegar aNueva York, ¿por qué Nueva York?

Durante meses estuve considerando y analizando el mapa de Perú pero, hubo una serie de factores que condicionaron la elección de estar acá:

  • Mi visa expira en diciembre de 2016 y no sé si me la van a volver a dar, supongo que si pero una nunca sabe. Quería venir antes del vencimiento.
  • Nueva York es la ciudad de las mil culturas y conocerlas en un mismo lugar me parece algo tremendo.
  • En Nueva York no están mis tías. Ellas viven en Florida y en Arizona, sí tengo muchas ganas de verlas pero tenerlas cerca sería cómodo y la comodidad es algo que decidí resignar al iniciar esta aventura.
  • Dicen que en NY hay millones de oportunidades: quiero comprobarlo y ver cuánta solidaridad hay en las calles.
  • Tiene mar y es verano: más que suficiente.
  • Es una ciudad, literalmente, de película y, como productora audiovisual y guionista, el cine es algo que me mueve.

¡Ay, qué suertuda, estás en Nueva York!”

Me lo dijeron y escribieron decenas de veces, alternando con el “no te quejes que estás en NY”. No, no me quejo y sí, estar acá me hace sentir afortunada pero créanme que no es fácil estar sola y lejos de las personas que una tiene en el corazón. Hoy se cumplen 13 días de viaje y no puedo pronosticar qué pasará en la próxima hora ni el día de mañana. Me parece increíble estar viviendo la anhelada vida de andar sin agenda, sin reloj, sin actividades, pero la incertidumbre está presente hasta en el aire que respiro. Es un reto constante, una aventura ilimitada en la que hay que andar concentrada para no derrapar. Si pierdo el objetivo, meto la pata. Así que voy dejando que las cosas se vayan dando, con la confianza plena en que hay un Ser Superior que cumple propósitos y genera conexiones. Algunos le dicen Dios, a mi me encanta llamarlo Yahveh (palabra hebrea que significa “el que hace existir”). Es un viaje de fe, de sorpresas y de reconexión: conmigo y con otras personas, de forma real y virtual, inclúyanse todas las personas que me animan a diario.

La historia más bonita del mundo

www.lahistoriamasbonitadelmundo.com

Así se llama el proyecto con el que empecé a viajar vaya a saber hasta cuando. Se trata de estar atenta a las historias de desconocidos con quienes, eventualmente, comparto el camino (o una barra en un McDonalds, un lugar en el subte, una banca en el Central Park, etcétera). Escribo para motivar. Escribo para sanar las fisuras que le provocamos nosotros mismos a la sociedad, de tanto presionar por lo que a cada uno nos importa. Un proyecto que propone volver a mirar al otro e invita a prestarnos más atención. Por eso digo que es un viaje de fe, de conexiones y descubrimientos.

Comer, rezar, amar” o cómo se financia este viaje

(Para mi), la fe es la capacidad de creer tozuda y pacientemente que eso que necesitamos va a llegar y creer que ese Ser Superior nos proveerá, tal como lo hace con los pajaritos de las plazas o del campo. Y créanme que así estoy viviendo, cada uno de estos días, y las conexiones aparecen. Tuve un trabajo por seis horas, me despidieron ese mismo día y-no-me-pagaron. Algunas personas me regalaron comida y otras me enviaron dinero a voluntad, el hospedaje es algo que sí me preocupa pero debo confiar en que algo bueno aparecerá o sucederá al respecto. Estoy en búsqueda de un trabajo part-time pero eso significaría menos tiempo para el proyecto así que es el actual gran dilema.

Compré una máquina de escribir a la que llamé “Ángela-María” por todo el cariño que me generaron mis abuelas. Con ella me siento en la vía pública ofreciendo el envío de cartas escritas a máquina por una colaboración a voluntad. Recién comienzo, veremos qué viene detrás. Sueño con editar mi primer libro y se lo voy a hacer saber al mundo, confiando en la hermosura del aporte solidario de los corazones buenos. No pido regalos, no creo merecerlos, simplemente una ayuda así como todos se la damos a Ronald y su corporación cada vez que compramos una hamburguesa, entre tantos ejemplos que podría citar.

¿Sos masoquista o qué?

Qué :P

¿Dejaste trabajos, casa propia para viajar y una linda estabilidad para viajar sin dinero? Y si… pero hay cosas peores, ¿eh? Como escribí más arriba, estaba ahogada en mi propia rutina. Había perdido el brillo que se le escapa a los ojos cuando las cosas simples hacen vibrar el alma. No me sentía bien y tiempo atrás había definido que hasta los 30 me permitía el “changüí” del divague, (tendré 27 hasta el 24 de noviembre próximo), pero sospecho que quizás ésto de bohemia e inquieta lo padezca siempre.

Ahora que recuerdo, un día de hartazgo y reflexión hice un trato conmigo misma y con “ese Ser”: anoté en un papel “no vivas una vida bendecida cuando podes vivir una vida sobrenatural” y acá estoy, aprendiendo cómo es.

¿Y con los miedos qué se hace?

A esos hay que acomodarlos en un bonito lugar y tenerlos bien atendiditos ahí. Debemos arrancar sabiendo que siempre van a estar con nosotros. Primero nos van a paralizar por tiempo indeterminado y, aún cuando accionemos, van a recordarnos día a día que siguen ahí y que, encima, invitaron a más de su especie a entrar. Son un dolor de cabeza pero mejor aprender a vivir con ellos y darles la menor atención posible. Les dejo un tip importantísimo: reforzar la fe, reduce el miedo.

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