La peor generación de la historia
Carecemos de objetivos y nos gustan los selfies. Estamos destrozando el país.
Estoy harta ya, muy harta, de la continua demonización a la que se nos somete a los jóvenes por parte de los medios de comunicación. Que somos vagos, alcohólicos que se pasan el día de botellón, adictos a las redes sociales, hedonistas, superficiales, carentes de objetivos. Que ya no nos interesan las responsabilidades, que vivimos la vida, que no queremos hijos ni una hipoteca. Una generación caprichosa e infantil que no está preparada para enfrentarse a la vida. Que no sabemos gestionar la ansiedad y que buscamos realizarnos a través de selfies, decía un artículo sobre la generación “mimi”.
Otros medios hacen más o menos lo mismo, pero desde el punto de vista contrario: se ensalza somos arriesgados, aventureros (por eso nos marchamos al extranjero a trabajar), flexibles, no queremos ataduras, preferimos transportes ecológicos como la bicicleta y el car2go, el alquiler antes que la compra. Somos emprendedores dispuestos a marcharnos, nos aburre la rutina, nos gustan los retos. Se nos dan bien las nuevas tecnologías y estamos siempre conectados.
“La generación más preparada de la historia” o la “generación nini”, o los “mimi” hedonistas . La generación que carece de interés por las cosas y se droga, o la generación que aborrece la monotonía y está buscando siempre nuevos proyectos, o los que sólo buscan felicidad a corto plazo.
Me hace muchísima gracia como para culpabilizarnos (o “idealizarnos”) se hace siempre referencia a la tecnología. Por supuesto que hay un “gap” tecnológico entre las generaciones, siempre lo hay, pero eso se aprecia en que mi tía no sepa enviar un correo electrónico desde su portátil mientras que yo llevo el mío casi siempre en el bolso, no en que nos hagamos sefies y usemos las redes sociales. El gran éxito de los smartphones ha sido ser sencillos y llegar a todo el mundo. Yo paso bastante tiempo en Twitter, sí, pero mi madre tiene más grupos de WhatsApp que yo. Y cuenta en Meetic.
[Dejad ya de acusar a los jóvenes de ser adictos a los smartphones cuando vosotros os pasáis el día enviado vídeos chorras por whats y os cabreáis si no os contestan “jajaja” con suficiente efusividad. Gracias.]
Internet tiene la culpa de todo. Internet nos ha vuelto vanidosos, nos ha creado la necesidad de compartir todo lo que hacemos en la redes sociales. O Internet nos ha ayudado, nos ha hecho más abiertos de mente, ciudadanos del mundo, conectados con un mercado global y cambiante. Incluso Internet nos permite seguir trabajando a distancia cuando estamos de vacaciones, porque nos apasiona lo que hacemos.
No pretendo poner en duda que Internet y las nuevas tecnologías hayan tenido un impacto muy importante en nuestras vidas (en las de todos, no sólo en las de mi generación), pero quizá haya factores aún más importantes.
¿¡Tan difícil es, cuando se escribe un artículo analizando a “la generación lo que sea”, pensar que igual lo que está condicionando nuestras vidas es la situación económica?! A lo mejor una tasa de paro juvenil de entorno al 40% influye más en nuestras ganas de comprar o alquilar, de comprometernos, de formar o no una familia, de “ser flexibles” o de viajar, que las redes sociales. Que igual nuestro problema no es que nos sacamos demasiados selfies.
Pero claro, mucho mejor criticar a los jóvenes que al capitalismo.
