Deberes para un verano sano

Texto de Helena Torija

[Me pide Helena publicar este texto en su nombre por un caso de acoso escolar cercano y yo no puedo más que hacer todo lo que esté en mi mano por luchar contra ese monstruo que es el bullying. Aquí os dejo su reflexión.]
Photo by Aaron Burden on Unsplash

Llega el verano. Descanso. Sol. Siesta. Helados. Playa. Piscina. Montaña…
 Final de este curso en el que durante más de doscientos días habéis aprendido cosas nuevas. Inglés. Matemáticas. Ciencias. Plástica. Educación física. Música. Lengua…

Todo tan importante. Todo tan necesario….Pero hay mas, existe una asignatura de la que nadie nos examina ni nos pone nota. Parece que todos estamos aprobados para siempre de ella. Pero no es así.
 Es el respeto a los compañeros. La tolerancia. La capacidad de ponernos en el lugar del otro y darle su espacio. No invadir. No agredir. No acosar.
 Os suena, ¿Verdad?

Se habla mucho de este asunto: acoso escolar. Ahora también lo llaman bulling. Hay protocolos, guías de actuación, artículos en los periódicos, canciones y hasta algún programa de televisión.

No es un concepto. El acoso escolar es una realidad que tenemos que erradicar entre todos. Erradicar significa eliminar desde su raíz. Esa raíz es lo que sucede a diario en casi todos los patios de los coles y prácticamente en todas las edades. Alguien, el acosador, amparado en la fuerza física o en la fuerza del liderazgo somete a burlas y vejaciones a otro, el acosado, por la única razón de ser diferente. El acosado no reacciona, o lo hace de forma tan débil que el acosador incrementa la agresividad sobre su víctima, causándole sufrimiento casi de continuo. Es una presa tan fácil, que a menudo, a ese primer acosador se unen otros nuevos convirtiendo la relación entre iguales en un juego perverso e injusto.

Pero para que está situación se dé es preciso que exista un tercer protagonista. La masa, el resto del grupo, quien con su silencio se hace cómplice de quien acosa. Ellos no agreden pero callan. Ellos no ofenden, pero tampoco protegen. Ellos no son violentos, pero agachando la cabeza y mirando para otro lado por no parecer chivatos, perpetúan el daño.
 Para ser un acosador hace falta haberse desconectado por completo de los sentimientos del resto de la gente. Hay que deshumanizarse y dejar de considerar al otro como un ser valioso tal cual es, con su carácter, sus diferencias, incluso sus defectos. El acosador no tiene amigos, solo compañeros a su alrededor que callan o incluso le ríen las gracias por miedo a convertirse también en víctimas. ¿Qué mueve a un niño a llegar a esta situación? Detrás de un niño que acosa hay un problema grave que también precisa de estudio, ayuda y atención, por parte de padres y profesores, no de castigos.

El acosado casi siempre es un niño diferente, más pequeño, más débil aparentemente, más sensible o con alguna peculiaridad que le haga parecer un blanco facil. Un niño asustado a diario que acaba encontrando en el colegio un escenario de pesadilla. Una tristeza infinita. Salir uno solo de esta situación no parece tarea fácil.

Pero, ¿y el resto de la clase? Yo los llamo “la masa”
 Ese grupo que calla. Que otorga. Que vive con miedo y mira hacia otro lado. Que siente y se come la rabia, pero que no hace nada con ella. Que repudia las injusticias, pero vive paralizada. ¿Qué pueden hacer ese montón de niños que ni desean ni ejercen la violencia pero también a su manera viven presos de un malote?

¿Sabéis una cosa? Cada año está historia se repite.
 Unas veces la historia se resuelve por si sola porque el acosador se marcha o cambia de objetivo.
 Otras, quien se va del cole porque no le queda más remedio es la víctima. No puede más. Nadie debería marcharse así, pero en ocasiones parece que no hay más opción, empezar de cero en otro sitio, pero con el recuerdo de esa horrenda experiencia para siempre.

En ocasiones el daño es tan grave o tan evidente que la situación pasa a manos de las autoridades educativas, quienes ponen en marcha un sistema de protección a la víctima. Se aseguran de que no haya daño físico ni vejaciones explícitas contra ese niño.
 Esa víctima, que no lo olvides, puedes ser tú, puede ser tu hijo…¿Qué harías?
¿Qué querrías que hicieran otros si tú vivieras en esa situación?
 Este año, como todos, es posible que algunos de los niños que estáis aquí sentados estéis deseando que llegue el verano para dejar de sufrir esa broma pesada, ese juego sin gracia, esa amenaza permanente de algún compañero que no os quiere.
 No habéis hecho nada para merecerlo, pero ahí está, día tras día fastidiando vuestra felicidad.. haciendo mella en el ánimo, en la alegría, hasta en la salud.

Estos son vuestros deberes para el verano:

No os calleis. No os dejéis hacer daño. No os dejéis marginar. Que nadie se atreva siquiera a violentaros. Pedid ayuda. Gritad muy alto. No os canséis si tenéis que repetirlo varias veces para que os hagamos caso. Los adultos de vuestro entorno tenemos la obligación de velar por vuestros derechos. No dejéis que pensemos que son cosas sin importancia, cosas de niños Porque todos merecemos lo mejor.

Deberes para el verano si eres masa silenciosa. No te calles, no te dejes intimidar. Tu fuerza es la palabra y la acción. Comprométete con el que necesita ayuda. Tiéndele tu mano. No le excluyas. Abre el círculo y protege al más débil. No permitas injusticias en tu presencia. Práctica el respeto y la empatía. No mires a otro lado. No te escudes en el yo no se nada, yo no he hecho nada…. Decide. ¿De qué lado quieres estar?. La indiferencia siempre beneficia al violento, al agresor, al malo de la película.

Sé un jedi. Ponte al servicio de la compasión, de la amistad, del valor. No permitas el juego sucio a tu alrededor. No rías las bromas pesadas sin gracia. No te olvides de cómo te gusta ser tratado a tí. Eso nunca falla. Muchos suman mucho. Uno a uno nos convertimos en la fuerza de cambio, en el final del acoso.

Tal vez te parezca que ser un chivato esta mal visto. Tal vez creas que contar lo que de verdad sucede te puede traer problemas. El problema ya lo tenemos todos cuando existe el acoso. El problema ya está cuando existe el maltrato en situaciones cotidianas de nuestro entorno. Tu voz puede servir para cambiar las cosas, para mejorarlas. Recuerda, todos merecemos lo mejor. También tú.

Deberes para los padres y profesores:

Somos cómplices cuando callamos. Somos culpables cuando no le damos importancia a estas cosas de niños por el mero hecho de que siempre han existido.
 Somos unos irresponsables cuando intuímos una situación de acoso y como no afecta a los nuestros directamente, no profundizamos. Nos volvemos masa gris. Somos el peor ejemplo para nuestros hijos cuando nos mofamos de otros, cuando nos faltamos al respeto entre nosotros, o se lo faltamos a ellos. Nuestros hijos y alumnos no aprenden de lo que les decimos sino de lo que ven en nosotros. ¿Qué tipo de imagen queremos que nos devuelva su espejo? ¿qué tipo de sociedad queremos para el futuro?
 Bien, yo solo estoy aquí para pediros esta reflexión de verano.

Sí a las mates, sí a la lengua, al inglés y a todas las asignaturas, pero sobre todo sí con mayúsculas a un verano que marque la tolerancia cero con el acoso. No seamos, no seáis masa, no nos dejemos, no os dejéis robar la paz en las aulas, en el recreo, en ningún sitio… Ojalá que el próximo curso no sea preciso activar ningún protocolo, ninguna medida excepcional para proteger a un solo niño.
 Ese es mi mayor deseo. Porque este año hemos fracasado, hemos suspendido un poco todos y por eso también os pido públicamente disculpas.

Si algún niño ha tenido miedo al venir al cole, si ha sufrido daño físico o moral a manos de sus compañeros….si alguien se marcha de este colegio por esa razón, solo puedo decir perdón. No hemos sabido hacer bien nuestra función de adultos. Os hemos fallado y lo lamento de veras. Ojalá seamos capaces de restablecer vuestra confianza, de sanar vuestras heridas, y lo más importante, ojalá hayamos aprendido todos de nuestros errores y nunca más dejemos que suceda algo así en nuestro entorno.

Porque todos, absolutamente todos, merecemos lo mejor.

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