Yo, Jaimico

Después de perder lo poco que me quedaba decidí marcharme de Guinea Ecuatorial, mi madre patria, para encontrar la banana de mis sueños y si se pudiera la primate también. Así que luego de meditarlo por medio día me largue a Perú, como el vuelo de anexo a Iquitos estaba carísimo me conforme con Lima. Grande fue mi sorpresa cuando me percate que no habían arboles ni en los parques así que me pasaba la tarde echado en los columpios de un parque por Independencia. Después de desempacar en el hostal me senté a pensar como carajos lo iba a pagar y lo único que se me vino a la mente fue vender los pocos plátanos que me quedaban. Así que me puse a hacer chifles y a venderlos de a sol la bolsa.

Allá por mi tierra los plátanos abundaban, pero el reinado de King Kong los declaro ilegales por su supuesto contenido alto en gluten, puta pero que ricos plátanos, fue entonces cuando todo se fue al traste, porquería de rey.

¿Quién hubiera pensado que la carne era tan deliciosa?

Aunque por acá no haya mucho plátano si hay bastante perro y gato callejero, deja mal sabor pero te llena. Hoy no hay yapa, ayer tampoco hubo, en realidad no hubo en toda la semana, ¿estos bestias si quiera se darán cuenta que ya no hay tanto perro? Lo que haría por un buen plátano.

Aja! manya que había un zoológico en este mamarracho de ciudad. Se que Lima no es un planeta de los simios pero ya necesito ver una cara conocida. Me muero de ansias, OUCH!!

El Chosicano corrió cual leopardo, no fue gentil ni sagaz, un hombre salvaje me golpeo con todo lo que su motor le pudo conceder. No hubieron fieras lagrimas, dócilmente me acosté en el pavimento mientras no dejaba de decir: mediocre!, mediocre!, mediocre…