Nada como volver a casa

Todos volvemos al lugar donde fuimos felices, o siempre se vuelve al primer amor. Esas son algunas frases con la que los hinchas de Belgrano nos podemos identificar. Después de tantas noches de espera y caras largas, llegó el momento de dejar el Mario Alberto Kempes. Ese estadio alquilado, que pese a las innumerables veces que fue colmado por piratas, nunca nos quedo cómodo. Aquel que compartimos con los “primos” donde el invierno se presenta mas frío que nunca y donde la lejanía de las tribunas con el campo convierten las gargantas de aliento en un murmullo constante. Nos vamos de ahí para volver a nuestra casa de siempre, pero ahora re-modelada. Volvemos al barrio que le abre las puertas a todos, sin distinción de clase social o nacionalidad. El barrio donde surgieron los hitos mas importantes de la historia, desde el cordobazo hasta aquella noche del 2011 cuando un equipo gigante de Buenos Aires tuvo que atravesar los finos pasajes de Alberdi para lograr una hazaña que no fue. Regresamos para jugar en ese estadio, ese “gigante”, donde el jugador siente a la gente sobre sus hombros y la presión se hace inaguantable, que por momentos puede pesar y por otros puede ser la inyección que se necesita para poder seguir metiendo en un partido. Para los que no conocen, allí el carnaval y la algarabía dura todo el año. Ir a ver un partido al gigante de Alberdi es un espectáculo que vale la pena ver alguna vez.

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