Amaya
Que bellos ojos, murmuró por segunda vez Amaya. Pude leer sus labios desde el otro lado del salón común de la facultad. Había estado medio puta conmigo desde siempre, pero desde que vio mi foto de perfil con mi mujer y mi hija se le había disparado el putimetro, casi podía escuchar su vagina hirviendo como si fuera agua caliente; Estaba en el punto pasivo/agresivo peligroso, ese en el cual te miran, se muerden los labios, pero te tratan con indiferencia(?)….si ese punto, lo cual resultaba mas que incomodo, pues por loca que fuera, tenía esa composición de mujer inocente, con una belleza poco común: era una mujer alta de unos 5'9" y una boca grande, carnosa más un pelo castaño claro que coqueteaba con su cadera, su proporción era justa, se puso de pie y la vista fue perfecta, 70 kilos que se movían de manera uniforme hacia mi.
Siempre pensé que la vida no podía ser mas hija de puta que en ese momento, quiero decir: soltero algo como esto jamas me pasaría, pero posiblemente se me tenía reservado el ultimo desliz. Conforme sus tacones altos la acercaban mas, su perfume era cada vez mas embriagador, su pelo dejaba un aroma a canela, totalmente independiente, era toda una experiencia verla caminar, si la expectativa no hubiera sido tan grande quizás la forma en la que me ignoró totalmente y caminó hasta el estacionamiento y entro a un BM del año no me hubiera molestado tanto, pero… olvidaba que estábamos en errede, donde se vale soñar pero no hacer mucho cocote.