Bordados mexicanos, una pequeña muestra de la industria textil nacional.

México necesita voltear hacia adentro y fortalecer su proveeduría nacional

No existe mejor antídoto para contener la volatilidad internacional, que concentrar esfuerzos y recursos en torno a la consolidación de las bases internas del crecimiento.

La caída en las cotizaciones de las acciones en los principales mercados del mundo, en los precios del petróleo y los commodities, y la creciente debilidad de las monedas emergentes respecto del dólar, han puesto en evidencia la importancia de elegir un proyecto de desarrollo que se apoye más en las capacidades productivas nacionales y menos en la evolución de economías y mercados que están fuera de nuestra área de influencia.

En CONCAMIN lo hemos señalado una y otra vez: México dispone de una planta productiva y talento empresarial capaz de generar competitiva y eficientemente buena parte de los bienes que importamos. En momentos de estrechez presupuestal derivados de los recortes anunciados la semana pasada, de bajo crecimiento económico y de reacomodo de los capitales a escala mundial, es posible lanzar un agresivo programa para el desarrollo de la proveeduría nacional.

Con la participación de la banca comercial, de la banca de desarrollo, empresas industriales, autoridades gubernamentales, tecnólogos y escuelas de educación superior, es posible sustituir en 10 años alrededor de la tercera parte de las importaciones de insumos, materias primas, piezas y componentes que adquirimos en el exterior para ensamblar productos que vendemos en el mercado nacional o exportamos.

Pero además, estaremos abriendo oportunidades para el desarrollo regional, sectorial y empresarial ahí donde existe talento, compromiso y vocación industrial. Si queremos promover un auténtico desarrollo incluyente, esta es nuestra mejor opción. El trabajo iniciado en 2015 a favor de la reindustrialización del país, no puede ni debe truncarse por razones presupuestales.

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