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La valentía de quedarse

Mi relación con la música no ha sido siempre la misma: ahora es mucho menos importante que hace un par de años. Pero hoy me atreví a escribirles sobre mi canción perfecta.

Hay canciones que son perfectas para escuchar cuando te bañás; otras para cuando ha llovido toda la tarde y no te querés levantar de la cama; otras para el camino de tu casa a la universidad; otras para poner en tu apartamento cuando te reunís con tus amigos; y otras para bailar en diciembre y año nuevo. Pero, ¿existe una canción perfecta que podás escuchar cualquier día, a cualquier hora, y siempre disfrutarla?

Yo creo que sí.

Cuando hablo de canción perfecta no me refiero a la que pensás que está mejor hecha, o a la que tiene la mejor mezcla de melodías o notas musicales (aquí dije puras palabras sueltas porque no sé nada de música y ni sé tocar la flauta). Y tampoco es, necesariamente, la canción con el mejor solo de guitarra, el cantante más afinado o con la mejor letra. Ni siquiera tiene que ser la canción de tu banda o cantante favorito. Se trata de esa canción que siempre que escuchés, te traerá un recuerdo que no querés dejar ir. Una canción donde encapsulás un sentimiento que gracias a ella se convierte reproducible. ¿Ya pensaste en una? Seguro sí. Hasta podés estar pensando en dos, y lo lindo es que no son celosas como los humanos: podés tener varias canciones perfectas en tu vida, hasta de géneros diferentes, y todas podrán vivir en armonía dentro de vos.

Yo descubrí mi canción perfecta el 1 de agosto de 2015 cuando estaba almorzando en Madre con mi novio. Ya la había escuchado muchas veces en mi vida, pero solo hasta ese día se convirtió en una canción perfecta que siempre me recuerda al sentimiento de ese momento perfecto.

Era domingo, acababa de llegar de Cali donde pasé todas las vacaciones disfrutando de mi familia. La pizza de cuatro quesos que me estaba comiendo era perfecta. El sito tenía un aura de tranquilidad increíble y mi novio y yo éramos los únicos clientes en ese momento. Al otro día comenzaba un nuevo semestre de universidad, uno de los últimos, así que la nostalgia se empezaba a acumular. La música estaba un par de decibeles más arriba de lo normal, no quería ser de ambiente como las de consultorio médico sino que quería ser protagonista. Y cuando iba a empezar la tercer porción de mi pizza perfecta, sonó esta canción:

-¡Amo esa canción!-, le dije a mi novio.

-¿Cómo se llama?

-Ay, no me acuerdo. Pero la letra es hermosa y el video también.

Nos quedamos los dos callados, se me encharcaron los ojos y sentí cómo esa canción, que había escuchado miles de veces en mi vida, se convertía en mi canción perfecta. Es difícil de explicar, pero en una palabra, diría que desde ese día al escuchar esa canción me siento agradecida.

Algunas fotos de ese día. (Mami, perdón por tener las uñas despintadas en la foto de abajo. Mua)

Después de ese día, he escuchado esa canción otro millón de veces. Y descubrí que la parte favorita de mi canción perfecta es la penúltima frase:

But I’d rather be working for a paycheck
Than waiting to win the lottery

Y me gusta porque contradice literalmente lo que mi “generación Y” piensa que es cool o admirable. ¿Por qué se ve como valiente al que supuestamente renuncia a todo y se dedica a viajar por el mundo? Quizá es porque rompen el esquema tradicional que nos han enseñado sobre cómo hacer las cosas. ¿Pero no son también valientes los que madrugan todos los días a una oficina a tratar de cumplir sus sueños? ¿El único camino admirable es coger una maleta y recorrer el mundo? Qué si querés ser un científico, qué si tu felicidad está en construir una familia, qué si querés estar cerca de tus padres y disfrutarlos, qué si querés dedicarte a cuidar perritos abandonados en la calle, qué si querés ser feliz trabajando día a día esperando por un sueldo en vez de amargarte mientras esperás ganarte la lotería.

Hay miles de caminos para ser feliz y quedarte para intentarlo también es de valientes. No te comparés con tu amigo del colegio que ahora sabe cuatro idiomas, toca el violín y el piano, va todos los días al gimnasio y se ha ganado dos becas; ni con la que ya conoció todo Europa, está súper delgada y ahora vive con el novio en Miami; si lo hacés, vas comparar un camino a la felicidad ajeno con el tuyo. Y son incomparables.

Vos, con cada cosa que hacés, día a día, también sos un valiente.

No tenés que irte 14,600 kilómetros lejos de acá para ser feliz.

Esta es la historia de mi canción perfecta. Probablemente nunca la podré poner en los parlantes el 31 de diciembre cuando mis tíos estén escuchando y bailando “La vamo’ a tumbar” porque me sacarían corriendo y me dejarían sin comida. Pero seguramente podré charlar con ellos sobre sus vidas, sus logros y sus miedos, y así, recordar mi canción perfecta.

Ahora vos, pegá en los comentarios el link de tu canción perfecta.

¿Se sienten leyendo un libro de auto ayuda? Comenten, compartan, critiquen, observen lo que sea.

Gracias por leer.

M.

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P.D.: Me encantaría tener la disciplina necesaria para escribir al menos cada 15 días en este blog. Pero no la tengo, ¿me ayudan?

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