España frente al desfiladero

Transcurridos apenas 7 días desde que los españoles depositásemos nuestra papeleta en una urna y decidiésemos finalmente cuál sería nuestra voluntad colectiva, el panorama se aventura más difícil que nunca. Con un mapa político totalmente fracturado, nadie se atreve a aventurar lo que puede acontecer en los próximos días. El mapa político español ha cambiado y refleja varias rupturas. La primera de ellas pone el acento en la clásica división entre el voto rural y el voto urbano; la segunda por su parte ha puesto de manifiesto la brecha generacional que muchos aventuraban desde hacía varios meses. Y la última ruptura, es aquella que de forma contundente ha golpeado a un bipartidismo que llevaba décadas acomodado y “aburguesado”. Aún es pronto para intuir cuál será la evolución de esta tendencia al alza de aquellos partidos que se hacen llamar “emergentes”, pero la situación actual evidencia de forma clara e inequívoca que nos hallamos ante una nueva etapa en nuestra historia democrática.
Si, los españoles estamos ante una página en blanco de la historia de España como nación democrática y europea.
Hemiciclo del Congreso de los Diputados
Ha sido común antes y durante la campaña la ya famosa frase que reza: “Saben que tendrán que pactar aunque en estos momentos se estén tirando los trastos entre ellos”. Ciertamente el pacto es algo ya asumido por buena parte de la sociedad, y si bien durante la campaña electoral todos (o casi todos) empezaron a asumir que tendrían que llegar a acuerdos post-electorales, lo cierto es que a día de hoy la posibilidad de un acuerdo tras las elecciones se torna remota. En este sentido, lamento tener que dar la razón aquellos que desde hace meses venían advirtiendo que “en España no existe cultura de pacto como en Alemania”.
Los resultados electorales son muy reveladores de la dificultad de pacto. El Partido Popular obtuvo una mayoría clara, respecto a la segunda fuerza política ( Partido Socialista). Pero además de contundente, fue una mayoría amarga, como se pudo observar en los rostros de aquellos que se asomaron al balcón de Génova 13. No cabe duda de que 123 escaños no valen para formar una mayoría. Una posibilidad que se aleja ante la imposibilidad de formar una mayoría alternativa con Ciudadanos, que ha obtenido 40 escaños.
Ciudadanos ha conseguido 40 escaños en la Cámara Baja, algo que le aleja de las expectativas que le otorgaban algunas encuestas previas a la campaña electoral. Queda así lejos de formar una mayoría con el PP. No obstante, el partido de Albert Rivera ha sido claro en lo que respecta a pactos electorales: existe posibilidad de abstención para que PP o PSOE puedan formar gobierno, pero habrá voto en contra ante cualquier atisbo de formación de gobierno de Podemos, mientras esta formación no renuncie a su objetivo de celebrar un referéndum de independencia en Cataluña.
Podemos por su parte ha obtenido un gran resultado. Aupado por una Ley Electoral que le ha sido favorable y por una política de alianzas electorales con otras fuerzas políticas como Compromis en la Comunidad Valenciana o con una candidatura con Bildu en Navarra para el Senado, la formación de Pablo Iglesias se estrenaba el pasado 20 de diciembre con 69 escaños en el Congreso de los Diputados. La “remontada” de Podemos se confirmó en la noche del 20D, obteniendo magníficos resultados en territorios como Cataluña, País Vasco o Madrid. Sin embargo, su apuesta por un referéndum separatista en Catalunya aleja cualquier posibilidad de acuerdo tanto con el PSOE, como con Ciudadanos.
Pedro Sánchez no cumplió con sus expectativas y el PSOE se ha quedado como segunda fuerza política con 89 escaños. “Gobernar para la mayoría”. Sánchez no obtuvo el apoyo de esa mayoría a la que hace alusión el eslogan que le ha acompañado durante toda la campaña. Sin embargo, tras los pasados comicios, se ha puesto en duda otro de los grandes eslóganes que ha acompañado a la candidatura socialista. Aquel que enuncia “Nos une Pedro”.
Los resultados del Partido Socialista parecen haber abierto “la caja de Pandora” y el cuestionamiento de Pedro Sánchez y las rivalidades dentro del liderazgo del PSOE han vuelto a florecer. De hecho, parece que nunca se fueron.
Y al problema de liderazgo en la formación socialdemócrata, se une su difícil posición en la política de pactos. De esta manera, un pacto con Podemos parece imposible ante su planteamiento soberanista y un pacto con el Partido Popular pondría al PSOE en una situación muy complicada frente a su electorado y convertiría a Podemos en referente de la izquierda española.
España espera la reacción de un PSOE que debe decidir, por fin, cuál será su decisión; pues será esta decisión la que determine el futuro de un país aún resentido por la crisis económica. El fantasma de la crisis, la difícil situación económica, las importantes cifras de desempleo en nuestro país, el proceso soberanista catalán o la lucha antiterrorista, son algunos de los problemas más importantes que la sociedad española tiene sobre mesa. Son problemas que no entienden de pactos, ni de siglas, ni de caras.
En nuestro país ha imperado el bipartidismo, sí, pero ha sido un bipartidismo imperfecto, que en ocasiones ha derivado en pactos post-electorales, como el famoso Pacto del Majestic, suscrito entre la Convergència de Jordi Pujol y el Partido Popular de José María Aznar tras el triunfo de este en las elecciones generales de 1996. La política de pactos ha deslumbrado tras las pasadas elecciones autonómica y municipales, con pactos tanto a nivel autonómico como a nivel local.
Es la hora de los políticos, porque los ciudadanos ya hemos hablado y hemos decidido abrir una nueva etapa política en nuestro país. El mapa político ha cambiado, pero España está por encima de cualquier sigla política, y es por este motivo por el cual necesitamos más que nunca políticos competentes que sepan apartar sus diferencias, solucionar los problemas de una sociedad aún resentida por el golpeo de la crisis más dura del último siglo y afrontar las reformas en materia de regeneración democrática que España necesita.
España está frente al desfiladero y depende de unas pocas personas que podamos dar la vuelta y retomar el camino. Un camino que no será fácil, pero que sí será necesario para que podamos seguir avanzando como una nación unida de ciudadanos libres e iguales.